LOS PRINCIPES EUROPEOS LLEGAN A HOLANDA CON LA MIRA EN LA SUCESION
AMSTERDAM, 29 ABR (APF.Digital)
Uno a uno y expectantes , comienzan a llegar hoy a Holanda los herederos de los tronos del continente. La de mañana no es una fiesta más de la realeza europea, es la primera entronización del siglo, la que dispara la señal de largada para la renovación de las casas reales, algunas de ellas bastante más en problemas y necesitadas de un respiro que otras.
Cuando Beatriz anunció, el 28 de enero pasado, que Guillermo Alejandro y Máxima estaban listos para convertirse en reyes y que había llegado su hora de dar un paso al costado, el debate sobre la abdicación se despertó en todas las naciones con monarquías de Europa, desde Gran Bretaña hasta Suecia y España.
Mañana, ningún rey participará de la entronización en la Nueva Iglesia o de la recepción en el Palacio Real. Estarán ausentes no porque estén enojados con Beatriz por haber abierto la discusión sobre su futuro, sino porque la tradición indica que la máxima figura de las ceremonias debe ser el nuevo monarca y nadie más puede opacar o igualar su presencia, como haría otro soberano.
De haberse fastidiado con su colega holandesa, hubiesen estado perdiendo el tiempo. En Holanda, la abdicación es una forma de reinar: así lo hicieron Guillermina, que abdicó en 1948; Juliana, que dejó el trono en 1980, y la propia Beatriz. Es también una manera de dejar que entre aire fresco en la casa real y evitar el desgaste en su relación con los holandeses, columna vertebral de la vida de los Orange.
En el resto de Europa, los monarcas prefieren ocupar el trono hasta el fin de sus días. La decana de los soberanos está no en el continente, sino enfrente. La reina Isabel II, por ahora, no se dio por enterada ni de la abdicación de Beatriz ni de las mil y unas bromas que la prensa británica hizo, en enero, porque Carlos, de 64 años y el más viejo de los herederos al trono de Europa, no será el primer rey de la nueva generación real.
Con 86 años, la cabeza de los Windsor -y la monarquía- disfruta uno de sus momentos de mayor popularidad y ni siquiera menciona la posibilidad de hacerse a un lado. Como si eso no fuera poco, para pesar de Carlos, que mañana estará en Amsterdam con Camilla, casi la mitad de los británicos prefiere, según una encuesta de The Guardian, que el sucesor de Isabel sea su nieto Guillermo y no su hijo.
Si Carlos no es el heredero que su país quiere, sí lo es otro de los invitados de mañana. Felipe de España, que con Letizia son una de las parejas reales más cercanas a Máxima y Guillermo, tiene toda la popularidad que no tiene el príncipe de Gales. Ni su propio padre.
Rodeado de escándalos propios y ajenos, Juan Carlos I pasa por uno de los momentos más débiles de su reinado, cuya popularidad cayó en picada en el último año, y esta semana se vio obligado a retomar la vida pública, después de su convalecencia por una operación.
Su misión: detener los crecientes reclamos para que abdique y la casa real pueda recuperar la confianza de los españoles después de las polémicas por el viaje del rey a Botswana con su "amiga", Corinna zu Sayn-Wittgenstein, y por la acusación de corrupción sobre la infanta Cristina e Iñaki Urdangarin.
La abdicación de Beatriz también disparó el debate en Bélgica, pero tal vez de forma inversa que en España. Marcado por divisiones sociales y políticas que, en los últimos años, lo dejaron sin gobierno durante cientos de días, el pequeño país tiene en el rey Alberto uno de los pocos símbolos de unidad nacional.
Su hijo Felipe, de 53 años, sin embargo, despierta las mismas dudas que, hace unos años, suscitaba en Holanda Guillermo Alejandro. No sólo se le cuestiona la capacidad de encabezar un Estado, sino también su voluntad.
Tampoco Escandinavia estuvo exento de la discusión sobre la sucesión real. En Suecia, Gustavo encabeza una monarquía querida y respetada con un 70% de aprobación pública. El problema para el rey, que está muy contento en su puesto, es que ese mismo porcentaje de suecos quiere que él abdique en favor de su hija Victoria. La futura reina de Suecia también siguió un camino que inauguraron dos de las casas reales más abiertas de Europa, la holandesa y la noruega.
Al elegir a Máxima y a Mette-Marit, Guillermo Alejandro y Haakon, príncipe real de Noruega, despejaron la senda, hace ya más de una década, para que otros herederos al trono se casaran con plebeyas.
Resistida en su momento por los tradicionalistas y a veces por sus propios padres, esas elecciones terminaron siendo una buena sorpresa para las monarquías: no sólo fueron aire fresco, sino que también acercaron a las casas reales a la gente, al darle una imagen de "normalidad".
Como era de esperar, a Gustavo y Silvia de Suecia no les gustó mucho que su hija les presentara, en 2009, a Daniel, un profesor de educación física, como su futuro marido. Pero no tuvieron mucho margen; la opción era aprobar el casamiento o quedarse sin sucesora. Hoy Victoria, que hace unos años tuvo problemas de alimentación, es una feliz heredera al trono que, además, es muy amiga de los Orange. Ahijada de Beatriz, es también madrina de Amalia y, este año, pasó sus vacaciones familiares con Máxima, Guillermo y las chicas en Andalucía.
Los herederos al trono y sus mujeres plebeyas no sólo llegan hoy desde Europa. En total, 18 casas reales de todo el mundo se harán presentes, entre ellas la de Japón. Naruhito y Masako viajan a Holanda rodeados de críticas y expectativas.
Apabullada por el rigor de la vida imperial, Masako, afectada también por una depresión, se alejó hace más de una década de la vida pública.
La "princesa triste", que al llegar a la familia imperial era muy popular, tendrá mañana su primera prueba protocolar en mucho tiempo y la pasará bajo la mirada de casi 100 periodistas japoneses venidos exclusivamente a escudriñar el regreso público de su futura emperatriz.
Masako y Máxima no podrían ser más diferentes. Una es tímida y silenciosa; la otra, extrovertida y carismática. Ambas, sin embargo, representaron la renovación en sus respectivas casas reales. Para Masako, la responsabilidad fue un peso poco soportable; para Máxima no.
Mañana, ella y Guillermo, con ese espíritu de apertura y renovación, comenzarán a abrir el camino que el resto de los herederos seguirá en unos años. O, en algunos casos, tal vez nunca. (APF.Digital)