2013-05-15

LOS ESCANDALOS DE ACOSO FISCAL Y ESPIONAJE CRECEN Y AGOBIAN A OBAMA

- Hace sólo cuatro meses, estallaban los fuegos artificiales por el comienzo de su segundo mandato • Ahora, lo que no para de explotar es el eco de dos escándalos simultáneos -el del espionaje a periodistas de la agencia AP y el del acoso fiscal al Tea Party- que parecen consumir la energía de la administración de Barack Obama y la enfrentan a una grave crisis de credibilidad.

WASHINGTON, 15 MAY (APF.Digital)

"La Casa Blanca no está directamente involucrada en ninguno de los casos", se cansó de repetir ayer el vocero presidencial, Jay Carney, desde el solitario atril en el que enfrentó intensos cuestionamientos sobre la acción del gobierno.

Desde el otro lado, sin embargo, hay quienes olfatean una combinación de ingredientes con capacidad para desempolvar la sombra del Watergate, el escándalo de escuchas que le costó la presidencia al republicano Richard Nixon en 1975.

"Hay que atajar el mal a tiempo", advertía ayer The Washington Post, al hacerse eco de la metáfora. Pero nadie sabía muy bien cuán larga es la cadena de daños en lo que refiere a espionaje de periodistas y persecución fiscal de opositores.

Los republicanos, conscientes de que tienen la carta a su favor, medían muy bien sus pasos para evitar que la jugada se le viniera en contra. "Si Obama quiere demostrar que defiende la Constitución, debe pedir la renuncia de su fiscal general", pidió el líder del Partido Republicano, Reince Priebus. Incómodos, a los demócratas se les hacía difícil poner pecho. "Lo ocurrido no tiene disculpa", admitió, entregado, el presidente del Senado, el demócrata Harry Reid.

Por lo pronto, la gestión demócrata está bajo fuego por dos escándalos simultáneos: el monitoreo de las llamadas de periodistas de la agencia Associated Press (AP) y la persecución por parte del IRS (la AFIP norteamericana) a grupos de extrema derecha como el Tea Party. La Casa Blanca ya estaba en la mira pública por su reacción inmediata al ataque contra el consulado norteamericano en Benghazi, el año pasado.

Las explicaciones que ayer se ensayaron para los nuevos casos fueron recibidas con el mismo escepticismo con el que se atienden los argumentos oficiales para explicar el ataque terrorista que mató a cuatro norteamericanos en Libia, entre ellos, el embajador.

"Esto, todo junto, está consumiendo la fuerza para llevar adelante la agenda presidencial", admitían anoche conocedores de la dinámica con que trabaja la Casa Blanca.

Si la mecha inicial fueron las audiencias en el Congreso por la matanza de Benghazi y la persecución fiscal, la fogata terminó de encenderse con la revelación de un masivo espionaje telefónico a periodistas de la agencia AP. "Lo que se buscaba era la raíz de un grave caso de filtración a la prensa de información sensible en la lucha contra el terrorismo", intentó explicar Carney. El funcionario hizo todas sus apreciaciones sobre la base de que la Casa Blanca no tuvo "participación directa" en ninguno de los casos.

Su pedido de "esperar" a que evolucionen las investigaciones no pareció suficiente para atajar la ola de indignación. Está claro que el Departamento de Justicia recopiló de forma secreta los registros de por lo menos 20 líneas telefónicas de reporteros de AP durante abril y mayo de 2012.

Contra las cuerdas, el fiscal general Eric Holder se vio forzado a admitir la veracidad de lo denunciado e intentó justificarlo con la idea de que una serie de filtraciones a la prensa estaban poniendo en riesgo "una de las investigaciones más importantes de lucha contra el terrorismo", la de un atentado frustrado en Yemen.

Holder no pudo explicar, sin embargo, por qué no se había pedido cooperación a la AP en la preservación de una investigación sensible, en lugar de pasar a espiar a sus periodistas. "Yo no ordené directamente espionaje alguno. Yo no he firmado ninguna orden en tal sentido", terminó por atajar Holder, que se sumó así a la política de la Casa Blanca y que, expresada de otro modo, vendría a decir "el Jefe no sabía nada".

Más difícil aún es determinar hasta dónde llegó la persecución fiscal al Tea Party y grupos afines. "Hubo errores, pero fueron técnicos", admitió el director del IRS, Steven Miller. Según él, no hubo "intencionalidad política". El desafío es que le crean.

• Rusia detuvo a un espía

El Servicio Federal de Seguridad de Rusia (FSB, antiguo KGB) detuvo ayer a un diplomático norteamericano acusado de intentar reclutar a un funcionario de los servicios secretos rusos, en un nuevo episodio de la interminable guerra de espías entre Moscú y Washington.La agencia de noticias Interfax identificó al detenido como Ryan Fogle, un supuesto agente de la CIA que fue declarado persona no grata e invitado a dejar el país. (APF.Digital)

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