FUERTE CONDENA DEL PAPA A LA CORRUPCION Y LA EVASION FISCAL
VATICANO, 17 MAY (APF.Digital)
Con tonos muy duros, el Pontífice denunció la "precariedad cotidiana de consecuencias funestas", el "desequilibrio promovido por la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera".
Al reclamar una "reforma financiera que sea ética" y que produzca a su vez una reforma económica que sea saludable para todos, llamó a un cambio de actitud a los dirigentes políticos, para que estén "verdaderamente al servicio del bien común de sus poblaciones".
"El Papa ama a todos, ricos y pobres, pero el Papa tiene el deber, en nombre de Cristo, de recordarle al rico que debe ayudar al pobre, respetarlo, promoverlo", clamó. "El Papa exhorta a la solidaridad desinteresada y a un retorno a la ética en favor del hombre en la realidad financiera y económica", pidió.
Con su habitual estilo directo y sencillo, Francisco aprovechó la presentación de las cartas credenciales de los embajadores ante la Santa Sede de Kirguizistán, Antigua y Barbuda, Luxemburgo y Botswana, para despacharse con palabras fuertes sobre el actual desorden económico global. Su predecesor, Benedicto XVI, también solía condenar el capitalismo a ultranza, pero lo hacía en términos menos directos.
En la Sala Clementina del Palacio Apostólico, el pontífice argentino, que vivió varias crisis económicas en su país y se destacó por su compromiso directo con los pobres y marginados de las villas de Buenos Aires, empezó su discurso asegurando que la humanidad vive un momento decisivo de su historia, por los progresos alcanzados en el campo de la salud, la educación y la comunicación.
"Sin embargo, también hay que reconocer que la mayor parte de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo siguen viviendo en una precariedad cotidiana con consecuencias funestas", arrancó.
El Papa, de 76 años, habló del aumento de patologías, incluso psicológicas, del miedo y la desesperación en el corazón de muchos, incluso "en los llamados países ricos".
"La alegría de vivir disminuye, la indecencia y la violencia aumentan; la pobreza se vuelve más evidente", dijo. "Hay que luchar para vivir y muchas veces para vivir en modo no digno", disparó.
Culpó de toda esta situación al "dominio" del dinero, el nuevo ídolo, sobre el hombre y la sociedad.
"La crisis que estamos atravesando nos hace olvidar su primer origen, situado en una profunda crisis antropológica, la negación del primado del hombre", sentenció, al hablar de una "dictadura de la economía sin rostro ni objetivo humano".
"Hoy el ser humano es considerado él mismo un bien de consumo que se puede usar y tirar", siguió, al mencionar una cultura de lo descartable, a nivel individual y social.
"En este contexto, la solidaridad, que es el tesoro de los pobres, muchas veces es considerada contraproducente, contraria a la racionalidad financiera y económica", aseguró.
Denunció, por otro lado, que mientras la renta de una minoría crece de manera exponencial, el de la mayoría se debilita. "Este desequilibrio deriva de ideologías que promueven la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera, negando así el derecho de control a los Estados", subrayó.
"Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone unilateralmente sus leyes y sus reglas. Además, el endeudamiento y el crédito alejan a los países de su economía real y a los ciudadanos de su poder de compra real. A esto se agregan una corrupción tentacular y una evasión fiscal egoísta que han asumido dimensiones mundiales. La voluntad de potencia y de posesión se ha vuelto sin límites", destacó.
El Papa aseguró que detrás de esta actitud se esconde el rechazo a la ética, el rechazo a Dios. "¡Así como la solidaridad, también la ética molesta, porque relativiza el dinero y el poder [...] porque conduce a Dios, que está afuera de las categorías del mercado", fustigó.
Las críticas del Papa a la falta de ética también podrían estar dirigidas al propio Vaticano. Su banco, el Instituto para las Obras de Religión (IOR), tiene una historia poco transparente y está bajo investigación en Italia por presunto lavado de dinero. El organismo, de todas formas, hizo avances los últimos años para cambiar esta situación.
Francisco llamó además a los expertos y a los gobernantes a considerar las palabras de San Juan Crisóstomo, que decía que "no compartir con los pobres los propios bienes es robarles y sacarles la vida".
El Papa reclamó una reforma financiera "que sea ética y que produzca a su vez una reforma económica saludable para todos", a través de un valiente cambio de actitud de los dirigentes políticos.
Luego de pedir una "solidaridad desinteresada" y un "retorno a la ética en favor del hombre en la realidad financiera y económica", el ex arzobispo de Buenos Aires concluyó su primer gran discurso sobre la crisis global recordando que la Iglesia Católica, por su parte, trabaja por el desarrollo integral de cada persona.
"En este sentido, la Iglesia recuerda que el bien común no debería ser un simple agregado insertado en los programas políticos", dijo, al pedirles finalmente a los gobernantes "estar verdaderamente al servicio del bien común de sus poblaciones". (APF.Digital)