Alerta en Entre Ríos por el avance de una cocaína rebajada de bajo costo y alto impacto en los barrios

En diálogo con APFDigital una integrante de la Mesa por la Salud Mental advirtió sobre un incremento en el consumo de sustancias de baja calidad física y psíquica, similares al paco, que afectan a jóvenes en situación de vulnerabilidad. Apunta a la falta de presupuesto y a la necesidad de una respuesta integral del Estado.
lunes 18 de mayo de 2026 | 13:47hs.

El consumo de sustancias de baja calidad y alta toxicidad en los barrios de la provincia genera una creciente preocupación en las redes de acompañamiento comunitario. A la falta de estadísticas oficiales, los registros de las experiencias de los usuarios en los Centros de Acompañamiento Comunitario (CAC) evidencian un deterioro acelerado en la salud física y mental de los jóvenes, profundizado por un contexto de crisis económica y por las dificultades históricas en la implementación plena de la legislación vigente.

La creadora de la Fundación Crescer (Caminos de Revalorización con Educación, Salud y Cultura en Entre Ríos), trabajadora de la Agencia de Salud Mental e integrante de la Mesa por la Salud Mental de Entre Ríos, Sandra Cislaghi, analizó la complejidad de la situación actual, el impacto de los consumos problemáticos en la convivencia social y los debates en torno al marco normativo que regula las intervenciones públicas.

El circuito de las sustancias de bajo costo

La denominación de la sustancia que circula en los sectores más vulnerables remite a dinámicas de fuerte impacto sanitario. "Se le dice crack, pero en definitiva es un consumo de una cocaína de muy baja calidad que es cortada", explicó Cislaghi, quien asimiló el fenómeno a los inicios del paco (a principios de este milenio) por su alto nivel de daño orgánico.

"Los chicos referencian que esta droga es cortada con bicarbonato, con virulana, con sustancias que hacen muy mal al organismo. Es una sensación efímera lo que les genera, lo que los lleva a que el consumo sea reiterado y compulsivo de una manera preocupante", señaló la referente, destacando que el valor de la dosis oscila entre los 2000 y 3000 pesos, lo que facilita el acceso pero acelera la dependencia diaria.

Este tipo de consumos despliega un escenario de alta complejidad que desborda las estructuras familiares. Según detalló, el circuito genera un desgaste tal que muchas familias, ante la falta de herramientas y lugares a dónde acudir, terminan expulsando a los jóvenes, quienes pasan a engrosar los índices de personas en situación de calle. "Se genera toda una cuestión de convivencia social dañina, producto de que no le damos prioridad a la salud mental", afirmó.

El debate sobre la Ley de Salud Mental

A 15 años de la sanción de la Ley Nacional de Salud Mental, el eje de la discusión se centra en su operatividad y en los intentos de modificación de su estructura comunitaria. Cislaghi defendió el cambio de paradigma de la norma, que buscó remover la mirada criminalizadora sobre los usuarios de sustancias para incorporarlos al sistema de salud desde el reconocimiento de su padecimiento subjetivo, limitando las intervenciones policiales directas sin evaluación interdisciplinaria previa.

Frente a las críticas recurrentes hacia la legislación, aclaró que la norma no prohíbe las internaciones, sino que las sujeta a ciertos recaudos que, en la práctica, conformaron "un sistema que se ha vuelto tan burocrático que ha obstaculizado el derecho de acceso de las personas". Asimismo, atribuyó la falta de aplicación a variables estructurales: "Una ley que no tiene presupuesto es una ley vacía. Durante estos 15 años nunca se llegó al 10% del presupuesto que debería estar destinado a las políticas de salud mental".

Desafíos frente al contexto socioeconómico

Para la creadora de Fundación Crescer, las propuestas actuales que promueven centralizar las internaciones mediante la firma única de un profesional de la psiquiatría significarían un retroceso hacia lógicas de encierro y estigmatización. "La salud mental tiene que mirarse desde la integralidad, desde la construcción del bienestar social. Si no está mirada desde la transversalidad, vamos a seguir fracasando", advirtió.

Finalmente, Cislaghi vinculó de manera directa el agravamiento de la situación con la coyuntura económica y el avance de los mercados informales en los territorios habitados por sectores de menores recursos. "La crisis económica, social, política y cultural afecta y se cuela por todos lados dentro del sistema familiar, desorganiza. El incremento de drogas que se van inventando, como el crack que es un rejunte, tiene que ver también con que muchos ciudadanos de los barrios tomaron el narcomenudeo como salida laboral", concluyó. (APFDigital)