Periodismo en tiempos de hostilidad

EDITORIAL - Ante el hostigamiento sistemático del Gobierno nacional hacia la prensa y la inercia de buena parte de la dirigencia política frente a los desafíos que enfrenta la democracia, la tarea de interpelar al poder se vuelve para el periodismo un acto de resistencia indispensable. Un diagnóstico sobre uno de los momentos más complejos para el oficio desde 1983.
sábado 06 de junio de 2026 | 20:44hs.

Cada 7 de junio es una oportunidad para celebrar el periodismo, pero también para mirar hacia adentro. Este año, la profesión nos encuentra atravesando, probablemente, el momento más difícil desde el retorno de la democracia en 1983.

No es una mirada corporativa. Basta observar el clima público: la creciente descalificación de la tarea informativa, la precarización de las redacciones y la constante sospecha que se intenta sembrar sobre cualquier información que incomode. Desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia, la relación con la prensa ingresó en una etapa inédita de hostigamiento sistemático y estigmatización en redes sociales. El problema no es que un gobierno discuta una cobertura: lo grave es cuando la descalificación sustituye al argumento y se presenta al periodismo como un enemigo a combatir, erosionando el derecho de la sociedad a estar informada.

Habitar los espacios vacíos

Las democracias necesitan instituciones sólidas, partidos vigorosos y oposiciones capaces de controlar. Hoy ocurre lo contrario. La política atraviesa una profunda crisis de representación y las estructuras partidarias parecen más preocupadas por sus disputas internas que por ejercer un control efectivo del poder y elaborar políticas públicas que entusiasmen a la ciudadanía.

Cuando los controles institucionales se debilitan, alguien ocupa ese espacio. Con frecuencia, es el periodismo. No para reemplazar a la oposición, sino porque alguien tiene que formular las preguntas que nadie hace. Hoy, las contradicciones del poder son reveladas con mayor frecuencia por investigaciones periodísticas que por los mecanismos institucionales de control, mientras buena parte de la dirigencia guarda silencio.

Quizás por eso una de las características más inquietantes de este tiempo sea la naturalización de los silencios. Silencios de dirigentes políticos que no cuestionan y de quienes eligen la comodidad de la indiferencia ante decisiones trascendentes que están rompiendo todo. Silencios que se acumulan, pesan y aturden. Porque no hay nada más ensordecedor que una sociedad que deja de hacerse preguntas.

Un contrato social que defender

Frente a ese vacío, el periodismo sigue haciendo lo que hizo siempre: preguntar, corroborar, chequear, contrastar e insistir. No para agradar ni para obtener aplausos, sino porque una sociedad puede sobrevivir a crisis económicas e incluso a profundas frustraciones políticas; lo que difícilmente pueda resistir es la pérdida de su derecho a saber.

Por eso, este Día del Periodista hay poco para celebrar y mucho para defender. La credibilidad no se compra con pauta ni se mide en seguidores; se construye día a día, asumiendo que el derecho a la información le pertenece a la ciudadanía, no a los gobiernos.

Desde APFDigital renovamos nuestro compromiso con la información porque cuando el silencio se convierte en método, preguntar se vuelve un acto de resistencia.

En la era de la sobreinformación, donde cualquiera emite contenidos vacíos y sobresale la cultura del clickbait, la tarea del periodista se vuelve un filtro indispensable. Nuestra función no es ser los primeros en gritar, sino los más precisos en explicar. (APFDigital)