Cruce por la Hidrovía: acusan a Kerz de “simplificar” el debate ambiental
“Ríos para crecer: una provincia fluvial que mira de frente al desarrollo”, se titula la nota de opinión de Giuseppe en la que sale a cuestionar los dichos del ex funcionario Jorge Kerz sobre la “doble vara” ambiental en Entre Ríos por la Hidrovía y HIF Global.
A continuación, el texto completo de Giuseppe:
“Hoy leí una nota donde Jorge Kerz cuestionaba la supuesta "doble vara" ambiental de Entre Ríos frente a la Hidrovía y el proyecto de HIF Global en Paysandú. Con cierta comodidad retórica, plantea que la provincia aplica criterios distintos según la conveniencia política del momento: que cuando el proyecto está del otro lado del río, el ambiente es sagrado; y cuando el beneficio queda en casa, la precaución se vuelve negociable.
Es una acusación que suena atractiva. El problema es que mezcla dos situaciones completamente diferentes y no resiste el contraste con los hechos.
No es comparable una planta industrial ubicada en Paysandú con el sistema de navegación troncal de una hidrovía que, en más de un 90%, aprovecha un curso natural preexistente. Son naturalezas distintas, impactos distintos y marcos jurídicos distintos.
Kerz cuestionó la “doble vara” ambiental en Entre Ríos por la Hidrovía y HIF Global
La VTN no supone la creación artificial de un río ni una transformación radical del sistema fluvial. Se trata de tareas de dragado, señalización y mantenimiento sobre una vía navegable que existe naturalmente y que históricamente fue utilizada para la producción —de otras provincias, no de la nuestra—, el comercio y la integración regional.
El proyecto de HIF Global, en cambio, implica la instalación de un complejo industrial sobre un río compartido, con potenciales impactos sobre ecosistemas, poblaciones ribereñas y actividades económicas preexistentes. Confundir esa diferencia con una supuesta contradicción moral no es análisis: es una simplificación forzada.
La posición de Entre Ríos frente a HIF Global nunca fue un gesto mediático ni una táctica oportunista. El gobernador Rogelio Frigerio sostuvo desde el primer momento una postura consistente: apoyar la inversión y el desarrollo en la República Oriental del Uruguay, pero exigiendo garantías ambientales, información técnica suficiente y previsibilidad para las comunidades ribereñas entrerrianas.
La provincia no se opone al desarrollo. Lo que plantea es algo mucho más razonable: que cualquier emprendimiento sobre un río compartido contemple el interés argentino en evitar efectos perjudiciales sobre actividades económicas preexistentes, el ambiente y la calidad de vida de las poblaciones costeras.
Tampoco es cierto que la Hidrovía avance sin controles. La Vía Navegable Troncal está sujeta a exigencias técnicas y legales específicas: estudios de impacto ambiental, planes de gestión ambiental, monitoreo de turbidez y sedimentos, controles sobre la disposición del material dragado y protocolos de mitigación sobre humedales, fauna ictícola y ecosistemas ribereños.
¿Son esos estándares perfectibles? Toda política pública lo es. Y el gobierno de Frigerio no va a esquivar ese punto: la provincia seguirá sosteniendo que los controles deben ser rigurosos, efectivos y verificables, al mismo tiempo que la vía navegable funciona y se desarrolla. No son objetivos opuestos. Mejorar los controles no es contradecir el desarrollo: es la única forma de hacerlo duradero.
Detrás de este debate hay una discusión más profunda, que es la de la visión de provincia.
Entre Ríos es esencialmente fluvial. No como metáfora, sino como realidad geográfica, productiva e histórica. Estamos rodeados de ríos. Somos, en el sentido más literal, una isla. Y pretender que una provincia atravesada por el Paraná y el Uruguay renuncie a desarrollar su infraestructura navegable sería tan irracional como pedirle a una provincia cordillerana que ignore la minería o a una provincia petrolera que dé la espalda a sus recursos energéticos.
Las sociedades más desarrolladas del mundo no eligieron entre ambiente y producción: aprendieron a hacer las dos cosas bien. Países Bajos construyó uno de los sistemas de gestión hídrica y dragado más sofisticados del planeta. Alemania hizo del Rin su columna vertebral logística e industrial. Estados Unidos convirtió al Mississippi en una infraestructura estratégica para su economía. Ninguno abandonó sus ríos: aprendieron a gestionarlos con planificación, tecnología y controles rigurosos.
Nuestra provincia necesita sus ríos para crecer; para fortalecer la producción agroindustrial, la actividad portuaria, la industria forestal, el turismo fluvial y la conexión de nuestros puertos con los mercados internacionales. Eso no se logra dándole la espalda al agua. Se logra con una política fluvial inteligente, que exija estándares rigurosos precisamente porque entiende lo que está en juego.
Para Entre Ríos, el río no es un problema a administrar. Es la oportunidad más grande que tenemos. Y cuidarlo bien es, también, la condición para aprovecharlo. (APFDigital)