El peronismo volvió a la interna descarnada: de la precaria tregua por el Indio Solari, a la guerra abierta por el 2027
La precaria tregua en el peronismo ya es historia. La muerte de Carlos “El Indio” Solari produjo el único hecho que en los últimos meses había logrado lo que ninguna negociación política consiguió: restablecer el diálogo entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof.
Fue un reencuentro de urgencia, forzado, convocado por el dolor y la logística para una despedida histórica. Ya quedó lejos, olvidado. El líder de La Cámpora y el gobernador bonaerense coordinaron el operativo sanitario para el velatorio del domingo 7 de junio en el Polideportivo Gatica de Avellaneda, donde cerca de un millón de personas formó una fila de 60 cuadras para despedir a la leyenda del rock nacional.
Ambos coincidieron en el predio. El peronismo, por unas horas, pareció encontrar una oportunidad de reencuentro. Pero no.
El sábado 20 de junio, al cumplirse un año de la prisión domiciliaria de Cristina Kirchner, esa imagen quedó definitivamente archivada. No fue el fin de la tregua: fue el recrudecimiento de hostilidades que venían escalando desde antes del velatorio y que la muerte del Indio apenas había suspendido. El banderazo de Parque Lezama lo dejó en claro.
El antecedente inmediato había sido Berenice Iañez. La legisladora porteña del Movimiento Derecho al Futuro —el espacio político que conduce Kicillof, cercana al círculo de Andrés “Cuervo” Larroque— dijo en un video que se viralizó, días antes del acto, que Cristina “jode bastante las pelotas” con sus condicionamientos al gobernador.
Las palabras se amplificaron en redes con la velocidad de un proyectil y el cristinismo respondió en cadena, sin modulación y sin excepciones. Lo que Iañez expresó en voz alta era lo que circulaba en voz baja en el entorno kicillofista desde hacía meses: que la ex presidenta, desde su departamento de Constitución, pretende seguir manejando los hilos de un espacio que —en la lectura del gobernador y sus allegados— necesita renovarse para ser competitivo en 2027.
Esa es la tensión de fondo. Kicillof no oculta su intención de ser candidato a presidente. Lo que sí cuida es la forma de decirlo: no como quien desafía a Cristina, sino como quien construye una alternativa propia en paralelo, sin la tutela de la ex presidenta. El MDF es el instrumento de esa construcción, una estructura que, según sus críticos dentro del propio peronismo, se nutre casi exclusivamente de funcionarios del gobierno provincial.
“Tiene una organización y crea el MDF Salud y pone a su ministro. MDF Mujeres y pone a su ministra. No pone a un dirigente histórico de la salud, no pone a alguien de afuera de su estructura de gobierno”, razonó una fuente con acceso al debate interno del peronismo bonaerense. La lectura es que Kicillof construye poder sin construir transversalidad y que eso lo limita como candidato nacional.
Para el kirchnerismo, el diagnóstico es más simple y más duro: Axel todavía no generó nada nuevo como liderazgo. Lleva casi siete años como gobernador y no logró articular una fuerza que trascienda su propio gobierno. "¿Líder de qué es?“, es la pregunta que circula en el entorno de La Cámpora con una mezcla de sinceridad y provocación.
El banderazo y el mensaje hacia adentro
El banderazo de Parque Lezama fue, en ese contexto, una demostración de fuerza calculada. La Cámpora convocó para conmemorar el primer año de la detención de Cristina y el mensaje fue doble: hacia afuera, el reclamo de libertad e inocencia; hacia adentro, la advertencia de que el cristinismo sigue siendo el sector con mayor capacidad de movilización territorial en el peronismo.
Máximo Kirchner fue el único orador. En poco más de media hora, ante una convocatoria de alrededor de 15.000 personas, pronunció el discurso más duro que le conocen en la interna: sin nombrar a Kicillof en ningún momento, cada párrafo apuntó hacia él con la precisión de quien sabe que el auditorio no necesita subtítulos. El planteo tuvo dos dimensiones que el kirchnerismo presentó como inseparables: Cristina candidata en 2027 y Cristina como conductora de la construcción opositora que enfrente a Javier Milei. No una cosa o la otra: las dos a la vez, y en ese orden. "Queremos tener una candidata y no candidatos por default“, cerró. La frase sintetizó todo.
Pero lo que el discurso no dijo, lo completó la tribuna. Un video al que accedió Infobae registró cánticos contra el gobernador bonaerense entre los asistentes. La temperatura que Máximo mantuvo bajo control en el micrófono se expresó sin filtro entre la militancia.
“Está muy claro quién debe ser la conductora de este proceso político”, dijo desde el escenario el líder de La Cámpora. Y más adelante: “Los que todos los días hablan de unidad ni siquiera son capaces de ir a verla a San José 1111 para ver cómo está”. El único nombre propio que usó como blanco explícito fue el del gobernador catamarqueño Raúl Jalil —por segunda vez consecutiva en actos públicos— como ejemplo de lo que el kirchnerismo no está dispuesto a tolerar: un peronismo que actúa como socio del gobierno de Milei, que dio quórum a la reforma laboral. Que ese nombre aparezca dos veces no es un accidente: es la forma en que el cristinismo traza el límite de la cancha y le dice al resto del espacio de qué lado tiene que estar.
El discurso tuvo también una dimensión programática deliberada. “No hay manera de que la mayoría de los argentinos vivan mejor si la deuda externa no es reestructurada”, dijo Máximo. La reestructuración como condición previa a cualquier promesa electoral: no como consigna, sino como criba para separar quién habla en serio de quién no. Fuentes con acceso al círculo de la ex presidenta lo tradujeron así: “Muchos dirigentes hasta esa coma llegan, porque lo que hay que hacer tienen miedo de decirlo”.
En el cierre, Máximo habló de su madre en términos que quienes lo conocen califican de excepcionales. “No era la típica madre que te preparaba la torta de cumpleaños, no era la típica madre que te esperaba afuera de la escuela”, dijo. No pudo contener las lágrimas. Fue, según fuentes con acceso al círculo más cercano a la ex presidenta, la primera vez que habló de Cristina en esos términos frente a una multitud.
Las ausencias del MDF y la foto del cristinismo
Kicillof no fue al acto. Su ministro de Infraestructura, Gabriel Katopodis, circuló entre la gente sin subir al escenario. El diputado provincial Mariano Cascallares —históricamente más cercano al cristinismo que al MDF— pisó brevemente las tablas. El Movimiento Derecho al Futuro había aparecido entre los convocantes en redes. En el acto, su presencia fue casi invisible. Según pudo confirmar Infobae, hubo quienes enviaron las banderas de sus municipios con sus propios nombres, pero no se presentaron en persona. “Es raro pregonar la unidad y, cuando se sabe que es un acto por el año de detención de Cristina, no mandar a nadie”, razonó una fuente con acceso al debate interno del espacio.
Las gradas detrás del atril concentraron, en cambio, a los senadores Wado de Pedro, Juliana Di Tullio, Mariano Recalde y Jorge “Coqui” Capitanich; los diputados Juan Grabois, Eduardo Valdés, Jorge Taiana, Vanesa Siley y Paula Penacca; el ex vicepresidente Amado Boudou, Mayra Mendoza, actual diputada bonarense, el ex jefe de Gabinete Juan Abal Medina, el ex secretario de Comercio Guillermo Moreno; y los intendentes Federico Otermín, Mariel Fernández, Gastón Granados, Federico Achaval y Nicolás Mantegazza, entre otros. Varios de ellos integran el llamado “grupo AFA” por su cercanía con Claudio “Chiqui” Tapia. No hubo presencia sindical orgánica —excepto los empleados judiciales de Siley— ni representación cegetista. La CGT mantiene con Cristina una distancia que lleva más de una década.
Cristina no grabó ningún audio para la jornada. No publicó en redes. Mantiene el silencio en que está sumergida desde marzo, que solo interrumpió para despedir al Indio Solari y a Taty Almeida. Desde San José 1111, la disputa sobre quién la conduce y quién la sucede se desarrolla sin ella, o con ella como ausencia que estructura todo lo demás.
Gobernadores, PJ Federal y la disputa de métodos
Los gobernadores peronistas miraron el banderazo desde lejos y con incomodidad. La mayoría de los mandatarios provinciales del espacio —que necesitan operar en la práctica con el gobierno de Milei para sostener sus provincias, y que en muchos casos ya sellaron acuerdos presupuestarios o de obra pública con la administración nacional— no tienen margen para alinearse con la lógica de confrontación total que propone el cristinismo duro, pero tampoco les conviene quedar pegados a Kicillof en un momento en que su figura está siendo cuestionada desde adentro. El caso Jalil es el extremo más visible de esa tensión, pero no el único. Para buena parte del peronismo del interior, la discusión entre kirchnerismo y kicillofismo es una interna bonaerense que los exprime sin representarlos.
Ese malestar es el territorio que intenta ocupar el sector donde confluyen los dirigentes albertistas que bastonea Juan Manuel Olmos. El principal asesor político que tuvo Alberto Fernández y que hoy preside la Auditoría General de la Nación planteó en declaraciones a Radio Splendid una posición que tensiona contra la lógica del cristinismo duro sin confrontarla abiertamente.
“Ignorar el peso y la figura de Cristina en el peronismo es un error, es estar fuera de la realidad”, dijo. Y enseguida trazó la línea que lo separa de La Cámpora: “Dejar de hacer política y no discutir más de nada, no discutir ni el programa económico ni cuál es la propuesta para el ’27, a mí me parece que eso no es un programa de gobierno”.
Para blindar el argumento recurrió a la historia: “Perón también estuvo proscripto y exiliado, y sin embargo siempre alentó que el peronismo se presentara a elecciones y siempre dio la discusión”. La comparación tiene una arquitectura precisa: pone a Cristina en el lugar del líder histórico —lo que el kirchnerismo no puede objetar— pero le niega a La Cámpora el argumento de que su situación judicial clausura el debate. "Si nos organizamos y hacemos una competencia de ideas y de programas con un candidato que las lleve adelante, en el ’27 vuelve a ganar el peronismo“, cerró.
El kirchnerismo invierte esa lógica: primero Cristina como conductora y como candidata, y alrededor de esa doble certeza se construye todo lo demás. En la disputa entre esos dos métodos —más que entre nombres, por ahora— está la fractura que el banderazo de Parque Lezama dejó al descubierto con una claridad que la tregua del Indio había disimulado apenas el tiempo suficiente para organizar un velatorio, publicó InfoBae. (APFDigital)