2026-09-25

El gualeguaychuense Pedro Luis Barcia será declarado Personalidad Emérita de la Cultura Nacional

El lingüista e investigador, expresidente de las academias argentinas de Letras y de Educación, recibirá el reconocimiento este sábado en el Palacio Libertad.

Este sábado, el Palacio Libertad será el escenario donde Pedro Luis Barcia reciba la distinción de Personalidad Emérita de la Cultura, el mayor reconocimiento nacional otorgado a figuras del ámbito intelectual. Este galardón, previamente obtenido por personalidades como Mirtha Legrand, Mauricio Wainrot, Aldo Sessa, Eduardo Costantini y Marta Minujín, sitúa al doctor en letras junto a nombres de alcance internacional, pero guarda un fuerte eco identitario a nivel local: Barcia es uno de los intelectuales más prolíficos nacidos en Gualeguaychú.

Orígenes y formación

Nacido el 28 de junio de 1939, es el séptimo hijo del matrimonio entre Matilde Batmalle, directora de escuela, y Cornelio Barcia, contador. A sus 86 años, bromea sobre su lugar en la familia: “No soy lobisón porque hubo dos mujeres en el medio”. Lector precoz desde los cuatro años y estudiante para perito mercantil en un hogar donde no había libros de literatura, descubrió su vocación por la lengua recién en cuarto año, impulsado por su extraordinaria capacidad para memorizar poemas y el placer que le generaba la respuesta de su auditorio frente al recitado.

A los 18 años se instaló en La Plata para estudiar Letras en la Universidad Nacional. Su carrera comenzó desde las bases: su primer trabajo, mientras cursaba el primer año, fue como portero del colegio San Vicente de Paul, institución de la que más tarde sería profesor. Durante sus estudios debió afrontar 26 meses de servicio militar obligatorio, una etapa de alejamiento de su casa que decidió tomarse "como una aventura" para evitar la amargura. Posteriormente, se doctoró con calificación de diez gracias a su tesis “Los proverbios morales del rabí Sem Tob”, dirigida por Ángel J. Battistessa.

Trayectoria académica y estilo docente

En 1975 ingresó por concurso al Conicet, donde escaló de Investigador Independiente a Investigador Principal, presidiendo por varios períodos la Comisión de Filología y Lingüística. En el ámbito universitario, fue docente en la Universidad Austral y presidió la cátedra de Contenidos Culturales Contemporáneos. Además, es Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires y miembro correspondiente de la Real Academia Española. Su currículum es de tal magnitud que, editado en formato de libro en 2019, superaba las 140 páginas.

En las aulas, Barcia forjó una reputación hipnótica. Sus alumnos recuerdan clases que combinaban disciplina y rigor con alegría, logrando un equilibrio inusual entre la alta erudición y la cultura popular.

Obra y pensamiento crítico

Con más de ciento veinte libros en su haber, acaba de publicar en la editorial Dunken La identidad lingüística argentina y su autobiografía, Memorias de un gurí. Su obra abarca títulos de referencia como Ideario de Sarmiento, Escritos dispersos de Darío, Pedro Henríquez Ureña y la Argentina, La narrativa policial argentina, Refranero de uso argentino y Diccionario de fraseología del habla argentina (ambos en coautoría con Gabriela Pauer), además de investigaciones sobre comprensión lectora, géneros comunicativos universitarios y literatura antártica.

Lejos de la complacencia, Barcia sostiene un análisis crítico sobre la cultura y el sistema educativo argentino, articulando dos grandes problemáticas:

La amnesia social y la experiencia: Diagnostica que en el país "no hay memoria porque no se han fijado hechos". Diferenciando el mero "memorismo" pedagógico de la memoria estructural, argumenta que sin esta última no hay coherencia ni unidad interna. Cuestiona la forma en que la sociedad procesa su historia: "El argentino concibe la experiencia como repetición del mismo hecho (...) La amnesia no es un mal nuestro, sino la inexistencia de memoria. Ni siquiera somos amnésicos".

El lenguaje como herramienta democrática: Basado en la premisa platónica de que "quien tiene el discurso tiene la espada", advierte que el deterioro de la expresión oral amenaza los derechos cívicos. "La democracia es diálogo. Un muchacho que no sabe expresarse no puede ser un buen ciudadano", sostiene. Para revertir esto, exige fortalecer la oralidad y los valores en la etapa inicial de la educación, al tiempo que señala que la formación docente actual se encuentra "muy alicaída", publicó El Argentino. (APFDigital)

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