Le entregarán una carta al Papa para que visibilice el conflicto por las pasteras e interceda ante La Haya

Este lunes, la Asamblea Ciudadana Ambiental Gualeguaychú le entregará una carta al Papa León XIV para informarle sobre la lucha contra la contaminación, pedirle que visibilice el problema y que interceda ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, ante el incumplimiento de su mandato por parte del gobierno uruguayo.

La carta llegará a manos del Papa gracias a la gestión del asambleísta Nahuel Gieco, quien se ofreció a llevarla.

Gieco fue invitado por el Vaticano a participar del encuentro con el Mundo del Trabajo que se realizará este lunes en la sede de la UCA, en su carácter de Secretario General de la Red Encuentro de Entidades No Gubernamentales para el Desarrollo (una red federal de ONGs con 50 años de trayectoria), publicó Máxima.

Aprovechando la oportunidad institucional de saludar al Papa en persona, Gieco será el encargado de representar a la Asamblea y hacerle llegar el documento.

La carta al Papa

El siguiente es el texto completo de la carta:

De nuestra mayor consideración:

Nos dirigimos a usted en nombre de la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú, un movimiento social ambientalista nacido hace veintitrés años del compromiso de ciudadanos y ciudadanas de a pie que decidimos unirnos para defender la vida, el ambiente y el territorio que habitamos. No somos una organización política ni respondemos a intereses económicos; somos vecinos, familias, trabajadores, docentes, estudiantes, comerciantes, artistas, empresarios y profesionales preocupados por el destino de un bien común: el río que compartimos con la hermana República Oriental del Uruguay.

En su tan ansiada visita a la Argentina y al Uruguay, queremos acercarle nuestra historia. Nuestra lucha comenzó en 2003, cuando tomamos conocimiento y fuimos advertidos por la red de organizaciones ambientalistas del Uruguay y de Entre Ríos de los proyectos multinacionales extractivistas y contaminantes para instalar plantas de producción de pasta de celulosa —las papeleras—, entre ellas la más grande del mundo, en las costas del majestuoso y delicado río Uruguay, frente a nuestra ciudad.

En abril de 2005, alrededor de 40.000 personas nos encontramos sobre el Puente Internacional General San Martín. En abril de 2007, la gran marcha anual al puente internacional fue bautizada «Abrazo al río Uruguay».

La decisión ciudadana fue imparable: concurrieron personas venidas de todas partes de Argentina, de Uruguay y del mundo. La prensa nacional e internacional coincidió en señalar entre 100.000 y 130.000 participantes. Nuestra ciudad, por entonces, no llegaba a los 80.000 habitantes. Esa multitudinaria concentración en la frontera, sobre el enorme puente, proclamó al mundo que el río no reconoce fronteras y que la vida tampoco.

Con la Asamblea nos dimos miles de estrategias para retrasar la construcción de la papelera más grande del mundo, esperando justicia y su desmantelamiento. La retrasamos varios años; sin embargo, con su enorme poder económico e influencias políticas, lograron ponerla en funcionamiento en noviembre de 2007.

Durante la larga y desigual lucha, logramos que el Estado argentino nos escuche y acceda a nuestro pedido de justicia; por lo que en 2006 demandó a Uruguay por violación del Estatuto del Río Uruguay. Nuestra demanda ambiental fue llevada a la Corte Internacional de Justicia de La Haya, con lo que fue la primera y única vez en la historia en que Argentina o Uruguay dirimieran algún conflicto en esa corte.

Más allá del resultado judicial, haber llevado una demanda ambiental nacida de la ciudadanía común al escenario de la justicia internacional constituyó en sí mismo un hito histórico de la acción ciudadana.

El fallo de abril de 2010 fue ambiguo: por un lado, nos dio la razón, pero por otro legitimó el injusto hecho consumado y solo propuso controles y monitoreo de contaminación. Pagamos un alto costo por ello; parte de la ciudadanía se desmoralizó al ver como el "monstruo grande" no solo no se fue, sino que se profundizaba el extractivismo de recursos naturales y la contaminación, y el pueblo uruguayo no veía nada de la prosperidad prometida originalmente. Aprendimos mucho de la entereza y aún seguimos en pie de lucha.

Sin embargo, Su Santidad, el fallo de La Haya se viene violando sistemáticamente. La Corte evaluó una producción de un millón de toneladas de celulosa. Hoy, Botnia —posteriormente UPM— produce 1.300.000 toneladas anuales en Fray Bentos, y la empresa busca elevarla a 1.500.000 sin someterse a una nueva revisión ambiental integral. Es decir: un 30% más de lo evaluado, con perspectiva de un 50% más.

Mientras tanto, y luego de todos estos años transcurridos, no conocemos las conclusiones del Comité Científico creado a tal fin por los Estados Parte en la Comisión Administradora del Río Uruguay, organismo binacional que tiene como objetivo velar por la salud ambiental del río.

Logros de la lucha ambiental

No todo ha sido en vano. La lucha de nuestra Asamblea despertó la conciencia ambiental de una sociedad entera, instaló el tema en la agenda pública nacional e internacional y contribuyó a la creación de políticas públicas ambientales a todo nivel. A partir de este movimiento se creó la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación.

En nuestra propia ciudad, la protección de los humedales frente a proyectos inmobiliarios, la prohibición de agrotóxicos en el ejido urbano y el tratamiento de efluentes industriales y cloacales fueron conquistas que se reconocen como parte de esta cosecha, y los gobiernos locales tienen el deber de proteger por el bien de sus ciudadanos… También logramos que la papelera ENCE se fuera, y que Botnia/UPM y otras empresas invirtieran sumas enormes en tecnologías de minimización de la contaminación que no tenían previstas. Aun así, esas tecnologías siguen siendo insuficientes para proteger la vida del río.

Santo Padre, no somos ajenos a la encíclica Laudato si' del papa Francisco: una reflexión profundamente vinculada con nuestra experiencia. Su llamado a cuidar la casa común, a comprender que no existen dos crisis separadas —una ambiental y otra social— y a escuchar a las comunidades que habitan los territorios, expresa una convicción que nuestra ciudad viene sosteniendo desde hace muchos años.

También hemos tomado conocimiento de Magnifica Humanitas, su primera encíclica, en la que se reafirma la tradición de la doctrina social que va desde la Rerum novarum hasta la Laudato si', y se subraya que la dignidad de la persona no puede ser absorbida por ninguna lógica de eficiencia o de ganancia; que la técnica no es moralmente neutra y que toda decisión debe orientarse al bien de las personas y al bien común. Estas enseñanzas coinciden plenamente con nuestra experiencia: no concebimos el progreso como la posibilidad de producir más a cualquier costo.

Nuestra consigna «Sí a la vida» no nació del rechazo a un querido pueblo hermano, sino de una convicción: ninguna frontera política puede estar por encima del derecho de los pueblos a vivir en un ambiente sano. Tampoco nos oponemos al desarrollo en sí; buscamos un desarrollo sustentable, sostenible y redistributivo.

Hoy nuestras preocupaciones se extienden a la degradación de los humedales, el avance de emprendimientos inmobiliarios y mineros, la deforestación sobre ecosistemas naturales, el uso de agrotóxicos, los monocultivos, la contaminación de nuestros cursos de agua, el aire y la tierra, y la falta de políticas públicas integrales de protección y gestión.

La avaricia humana está maltratando fuertemente al planeta; el cambio climático se acelera y somos víctimas directas. Nos estamos preparando para los próximos cien años de luchas ambientales, y estamos convencidos de que la Iglesia tiene un papel insustituible en la construcción de una cultura del cuidado. Sentimos que somos aliados naturales.

Por eso, solicitamos respetuosamente que pueda conocer nuestra historia, abrazar el testimonio de representantes de nuestra Asamblea y acompañar, desde su lugar y su voz, la visibilización de las luchas de las comunidades que defienden sus territorios y sus bienes comunes.

Y si fuera posible, pedir su intervención para que se cumpla plenamente el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya y el monitoreo acordado por las Partes en su totalidad; para que Uruguay no autorice un nuevo aumento de la producción de celulosa por encima de las toneladas ya autorizadas y evaluadas en su momento; para que no se autoricen ningún tipo de megaindustrias extractivistas contaminantes sobre el río Uruguay; y para que en la Argentina se reviertan los retrocesos en las normativas y las políticas públicas de protección ambiental.

No escribimos desde el resentimiento, sino desde la memoria, la responsabilidad y la esperanza. Al igual que usted, queremos ser «buenos ancestros» y preparar el camino para los «buenos ancestros» que vendrán. El compromiso de trabajar constantemente en la concientización de las familias y, sobre todo, de las juventudes, es esencial para que sean protagonistas conscientes y tengan las herramientas necesarias para escribir la historia futura y perpetuar el pedido de un mundo saludable, sustentable y más justo.

Porque el río no nos pertenece. Somos parte de él, como somos parte de una casa común que tenemos la obligación de cuidar.

Asamblea Ciudadana Ambiental Gualeguaychú.

(APFDigital)

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