Pedidos Ya: la situación de los repartidores en Paraná, contado por sus propios usuarios 

En las esquinas de la capital entrerriana, el color rojo de las mochilas térmicas se ha vuelto parte del paisaje urbano. Sin embargo, detrás de la agilidad de las motos y las bicicletas, se esconde una realidad de precarización, saturación del mercado y la necesidad de trabajar jornadas extenuantes para que los números cierren. En diálogo con APFDigital cinco "riders" cuentan su experiencia. 
domingo 05 de abril de 2026 | 11:00hs.

Cada vez más personas ven como una posibilidad trabajar exclusivamente como repartidores de comida en plataformas, muchas veces sin importar en qué condiciones sea, cuando la demanda crece y la ciudad empieza a pedir comida desde sus casas, decenas de repartidores recorren las calles de Paraná con una lógica que combina velocidad, algoritmo e incertidumbre. 

“Para hacerse un sueldo de empleado de comercio, de más o menos un millón de pesos, tenés que trabajar las mismas horas o incluso más”, explica Lucio, estudiante y repartidor. Pero la cuenta no cierra del todo: “terminás ganando menos porque tenés que descontar la nafta y el mantenimiento de la moto”.  El esquema, basado en trabajadores monotributistas, implica que cada repartidor debe hacerse cargo de casi todo: combustible, seguro, datos móviles y reparaciones. “Pedidos Ya no nos cubre nada. Lo único es una ayuda si quedás incapacitado, pero ese seguro es irrisorio”, agregó.

"Hoy para que rinda tienen que meter 12 horas por día. Antes hacías 20 viajes rápido, ahora tenés que rabiar con el tránsito y con que la aplicación siempre le cree al cliente. Además, el sistema de 'premios' es casi inalcanzable: para canjear una mochila nueva necesitás hacer 10.000 viajes", explicó Mauro, quien también trabaja como inspector de tránsito y conoce ambos lados de la calle.

La imagen de decenas de repartidores amontonados en puntos estratégicos como el "Market" de las Cinco Esquinas es cada vez más común. Daniel relata cómo el tiempo muerto es el mayor enemigo del trabajador. "Cuando yo arranqué, éramos 20 o 30. Ahora vas al Market y hay 80 personas esperando. Podés estar una hora y media parado sin que caiga nada. Y lo peor es que, para entrar, la App te pone en lista de espera; yo hace dos años espero mi propia cuenta y tengo que alquilar una para poder trabajar", confesó Daniel.

El deterioro de la rentabilidad también aparece en el relato de Julián, quien asegura que la actividad ya no alcanza como único sustento: “Antes vivía de la app, hoy no puedo. Hay muchos repartidores y el pago no es el mismo”. Para compensar, suma otros trabajos. “Hoy en día sirve como un extra”, definió.

Lejos de la idea de autonomía, el trabajo está mediado por un sistema de puntuación que define cuándo y cuánto se puede trabajar. “Nosotros reservamos turnos con una semana de antelación. Hay un sistema de grupos en pedidos ya. Dependiendo del grupo que tenés, te asignan un día y un horario para que puedas agendar esos turnos. Pero siempre es una semana antes de los turnos que vas a estar trabajando. En función del grupo que tenés, si es más alto tenés más prioridad, podés sacar los turnos antes, si es más bajo lo sacás después”, explicó Lucio.

A la inestabilidad económica se suma la exposición constante. Accidentes, robos o roturas del vehículo corren por cuenta del trabajador. “Si te roban o tenés un accidente, la app no se hace cargo de nada. Todos los cadetes llevamos algo punzante porque nadie quiere perder lo que con cansancio se ganó”, sostuvo Julián. En la misma línea, Mauro mencionó que los seguros existentes suelen ser difíciles de cobrar o insuficientes.

Además, el funcionamiento del sistema puede jugar en contra. Penalizaciones por rechazar pedidos, demoras en el tránsito o reclamos de clientes pueden derivar en bloqueos temporales o pérdida de ingresos. “La aplicación te apura todo el tiempo”, explicó Mauro.

Pese a ese panorama, para muchos sigue siendo una puerta de entrada al trabajo. Leandro, que empezó hace apenas un mes, lo ve como una oportunidad: “Si sos solo, podrías vivir con esto”. Aunque también marca matices: el sistema de adelantos de dinero de la app puede generar dependencia. “Terminás trabajando para pagarle a la aplicación”, indicó.

En paralelo, las formas de organización colectiva son débiles o inexistentes. Intentos de agrupar a los repartidores no prosperaron, y la mayoría se maneja de forma individual o en grupos informales. “Ponerse en contra de la aplicación no da porque es lo que nos da de comer”, dijo Daniel.

La mochila roja es, a la vez, escudo y carga. Es el símbolo de una libertad a medias que se conquista entre semáforos y calles que no perdonan el error. En Paraná, ser repartidor es aprender a leer el clima de la ciudad y descifrar un algoritmo que no entiende de cansancio. (APFDigital)