Masiva movilización en Gualeguaychú por el Ni una menos

La marcha partió después de las 17 horas desde la intersección de 25 de Mayo y Rocamora hacia los Tribunales de Justicia de Gualeguaychú, frente a la Plaza San Martín.
jueves 04 de junio de 2026 | 10:10hs.

Este miércoles por la tarde, las calles de todo el país fueron testigo de una nuevo grito de protesta contra la violencia machista. Desde 2015, cada 3 de junio se convoca a marchar por "Ni Una Menos", un lema que pide justicia por las víctimas de femicidios y aboga por un cambio de fondo en nuestra sociedad para erradicar toda forma de violencia contra las mujeres.

En ese sentido, el movimiento Ni Una Menos y las distintas organizaciones feministas convoca a toda la sociedad en su conjunto a exigir políticas públicas de prevención, protección y acceso a la justicia para mujeres, niñas y diversidades.

Este año, el atroz crimen de Agostina Vega, de 14 años, ocurrido en los últimos días conmocionó a la sociedad argentina e hizo que la bronca, impotencia y dolor se volcase una vez más en las calles en una fecha tan significativa como esta. Así es que este miércoles por la tarde, miles de personas marcharon en las distintas localidades del país bajo una misma causa.

En Gualeguaychú, la movilización tuvo lugar a partir de las 17 horas. Cientos de mujeres se concentraron en 25 de Mayo y Rocamora y marcharon a lo largo del centro hasta los  Tribunales de Justicia de Gualeguaychú, frente a la Plaza San Martín.

También participaron varones, así como distintas organizaciones que expresaron su apoyo a la causa: Agmer, ATE, CTA, Madres de Plaza de Mayo, entre otras.

La manifestación estuvo marcada por cánticos, palmas, carteles y banderas que reforzaban el ya significativo peso del reclamo: “Vivas nos queremos”, “Paren de matarnos”, “No es no”, “Somos el grito de las que ya no tienen voz”, entre otras frases.

A lo largo del trayecto, más personas se fueron incorporando a las columnas; entre ellas, un grupo de percusión con tambores.

Al llegar a las puertas de los Tribunales, se dio paso a una intervención artística de sonido y performance teatral alusiva a la violencia de género y el horror de los femicidios.

Luego, representantes de la Asamblea EnRedada Feminista Gualeguaychú - Pueblo Belgrano leyeron su proclama:

“Queridas compañeras, hermanas, amigas. Querida comunidad aquí reunida: Nos convoca hoy el peso de una ausencia que se multiplica, pero también la certeza inquebrantable de que el único lugar posible frente al horror es la vereda de la dignidad, la memoria y el encuentro.

Nos paramos en esta plaza hoy, 3 de junio, al cumplirse exactamente once años de aquel primer grito colectivo que sacudió los cimientos de nuestra historia. Once años desde que el dolor nos arrancó de las casas para fundar un lazo que nada ha podido destruir.

Hoy, volvemos a decir con la misma urgencia, con más rabia pero con un amor infinito por las que nos faltan: ¡Ni Una Menos! ¡Vivas, libres, sin miedo y desendeudadas nos queremos!

Estamos aquí para mirarnos a los ojos y romper el aislamiento con el que pretenden disciplinarnos. Aquellos que, desde la comodidad de sus escritorios o detrás del anonimato violento de las pantallas, dicen con desprecio que las feministas nos pasamos tres pueblos... son, precisamente, los mismos que pretenden que nuestra sociedad atrase tres siglos. No nos pasamos de ningún pueblo; caminamos los pueblos enteros, los barrios populares, las barriadas olvidadas donde la desidia del Estado abandona la vida humana. Nosotras avanzamos; ellos atrasan.  Nosotras construimos redes de amparo; ellos desmantelan la dignidad.

Esta no es una sumatoria de casos aislados, no es una estadística fría para los noticieros de la noche. En nuestro país, la crueldad tiene un cronómetro perverso: ocurre un femicidio cada 31 horas. Detrás de cada cifra hay un cuarto vacío, una mesa donde falta una madre, una hija, una hermana, una compañera. Y esa violencia no hiere de la misma manera a todos. Debemos nombrarlo con absoluta claridad y valentía: sostenemos con orgullo un feminismo popular y profundamente antirracista, porque la violencia machista se encarniza con las identidades históricamente vulneradas, con nuestras mujeres marronas, con nuestras identidades indígenas y travestis.

Ahí está el dolor punzante por el femicidio de Agostina, una gurisa de apenas 14 años. Con ella se demostró, una vez más, la matriz selectiva de la desidia. Aun cuando existen sistemas de alerta, facultades para allanar y detener, la opción del Estado por el abandono está directamente relacionada con las condiciones de la víctima: una gurisa pobre, habitante de un barrio popular.

A esas realidades, la mirada prejuiciosa de un fiscal le adjudicó la demora de su búsqueda. Nos duele el cuerpo al saber que a Dulce María Candia, una chica de 17 años, la encontraron el viernes 29 de mayo en un pozo ciego en la ciudad de El Dorado, Misiones. Ambas eran nuestras. Ambas debían estar hoy estudiando, jugando, viviendo. 

Exigimos con toda la fuerza de nuestra garganta: ¡Justicia por Agostina y por Dulce María Candia!.

No podemos separar estas muertes del contexto político y social que las produce y las ampara. Asistimos hoy a la puesta en marcha de un plan sistemático, un exterminio silencioso que golpea con saña a los, las y les pobres, a las travas, a les negros, a los pueblos originarios y a las defensoras del territorio. Y decimos plan, porque responde a directrices claras. Es la institucionalización de la doctrina Chocobar; una política que no solo involucra a quien aprieta el gatillo, sino a quienes la orquestan desde las estructuras del poder.

Tienen nombres y apellidos los responsables directos de este clima de odio y exclusión: Bullrich, Milei, Frigerio, Davico y sus secuaces, Feiman, Laje, Fantino y tantos otros, que han perpetuado la violencia de Estado y los medios sobre los cuerpos de nuestro pueblo. Hoy denunciamos la alarmante escalada de violencia hacia el colectivo LGBT y los crímenes de odio que pretenden devolvernos al armario del miedo.

Nos desgarra el alma el triple lesbicidio de Barracas. Exigimos justicia absoluta por Pamela, Andrea y Mercedes, y abrazamos con un amor infinito a Sofía, la única sobreviviente de esa masacre. De igual manera, exigimos justicia por el triple crimen de Florencio Varela, donde nos arrebataron las vidas de Lara, Morena y Brenda. ¡No son hechos aislados, son crímenes de odio alimentados desde las esferas oficiales!

Sostenemos con firmeza que el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional es un pacto profundamente violento. ¿Por qué? Porque la deuda económica se traduce de inmediato en una deuda con nuestras vidas. El ajuste feroz, la política de hambre y la motosierra aplicada por el Gobierno Nacional de Javier Milei atacan directamente la línea de flotación de nuestra supervivencia.

Este gobierno niega la desigualdad estructural, niega la existencia de la brecha salarial de género, y utiliza el andamiaje del Estado y las redes sociales para difundir discursos misóginos, antifeministas y de odio. Estos mensajes tienen consecuencias reales: convalidan la crueldad cotidiana, aumentan la permisividad hacia el maltrato y hunden en el temor a quienes necesitan denunciar.

El desmantelamiento institucional es total y deliberado. La eliminación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, junto con el brutal recorte de fondos para las consejerías municipales y los despidos masivos de trabajadoras esenciales, nos deja desamparadas. Han desfinanciado programas vitales como el Acompañar, el Igualar, el ENIA para la prevención del embarazo adolescente, y los fondos de apoyo urgente ante situaciones de violencia extrema. Borraron el Observatorio de Violencia de Género porque saben perfectamente que sin estadísticas, la violencia deja de existir oficialmente para el Estado.

Pretenden, además, empujar el infame proyecto de ley de falsas denuncias, una trampa jurídica diseñada para amordazar a las víctimas, persiguiéndolas penalmente y revirtiendo la carga de la prueba. Pasamos de luchar para que nos tomen una denuncia, a correr el riesgo de ser acusadas por denunciar. Así opera la crueldad de las nuevas derechas. Esta instigación del odio tiene ejecutores ideológicos brutales.

No olvidamos el doble femicidio perpetuado por Pablo Laurta —un femicida confeso que se auto identificaba como militante libertario, defensor acérrimo de Milei y seguidor de los discursos de Laje— quien asesinó a Luna Giardina y a su mamá, Mariel Zamudio. Este es el resultado palpable de los discursos que deshumanizan nuestras luchas y legitiman la misoginia como si fuera rebeldía. No olvidamos a nuestras defensoras del territorio que pagan con su vida la protección de la tierra, como JULIA Chuñil Zomo y Papay mapuche (mujer sabia mapuche, abuela), asesinada por defender su territorio de las forestales.

Asimismo, desde este escenario popular, hacemos llegar nuestro abrazo solidario y apoyo incondicional a Moira Millán en su legítima lucha contra el desalojo ancestral de su territorio. Recordamos también la memoria de Berta Caceres y de tantas otras que sostienen la vida donde el capitalismo y el patriarcado pretenden sembrar desierto. Porque nuestro grito por la vida no se detiene en nuestras fronteras; es un abrazo que cruza los océanos.

Desde esta plaza, alzamos la voz en un rotundo 'No al genocidio' y denunciamos la violencia atroz ejercida por los imperialismos y las lógicas coloniales que hoy desgarran el mundo. Nos duele cada bomba y cada territorio despojado; nos desgarra el alma el sufrimiento de las mujeres, las infancias y las niñas en Gaza y en el Líbano, víctimas de conflictos que no eligieron.

Frente a la crueldad geopolítica que deshumaniza y destruye hogares enteros, oponemos una pedagogía de la paz, de la concordia y de la empatía universal. Ninguna mujer, en ninguna parte de la Tierra, debe ver su vida truncada por las armas. Nuestra lucha es, en esencia, una apuesta por una paz justa, un puente de solidaridad internacional que defiende la existencia y la dignidad de los pueblos sobre cualquier interés de opresión.

En este mismo sentido, gritamos con fuerza un rotundo NO a la baja de la edad de imputabilidad que pretende criminalizar a las infancias. Exigimos la plena implementación de la Educación Sexual Integral (ESI) en todas las escuelas como la herramienta fundamental para prevenir abusos y luchar contra la pedofilia. Decimos basta a la violencia hacia las personas migrantes; basta al abandono sistemático de nuestras vejez, infancias, adolescencias y personas con discapacidad; y un rotundo no al cierre de las consejerías de salud reproductiva.

Sabemos, porque la historia nos lo ha enseñado, que los procesos sociales son largos y que los avances no son lineales. Durante esta década, las mujeres y diversidades fuimos las protagonistas de los debates más profundos de nuestra democracia. Supimos construir alianzas en la diversidad para conquistar leyes históricas: la Paridad de Género, la Ley Micaela, el Cupo Laboral Travesti-Trans, y la Interrupción Voluntaria del Embarazo.

Hoy, la irrupción de este modelo de exclusión nos coloca en un tiempo de profunda reflexión, pero jamás de parálisis. La precariedad y el racismo no pararán de producir muerte si nos quedamos quietas. Por eso, la bronca la transformamos en organización y la llevamos a las calles.

A las deudas históricas de Gualeguaychú en materia de femicidios, se suma el imperativo ético de no olvidar los travesticidios que el tiempo y las versiones oficiales pretenden sepultar. La sociedad mantiene una herida abierta y una desconfianza legítima sobre lo ocurrido en 2009 con Gisela “Rony” Galante y Pequeña Pe. La brutalidad de sus muertes no puede resolverse con el archivo de sus causas ni el silencio social. Exigimos memoria, verdad y una justicia real que entienda que las vidas travestis y trans importan; porque un crimen sin esclarecer plenamente para la comunidad es una garantía de impunidad que perpetúa la violencia machista y la connivencia judicial. 

A las víctimas directas de la violencia machista, a las compañeras que hoy sienten que el miedo les gana el pecho, queremos decirles: no están solas. Su dolor es nuestro dolor, su resistencia es nuestra bandera. Frente a un Estado que ignora, hay un movimiento que abraza. Frente a una (IN)- justicia que es cómplice, hay una comunidad que sostiene. No nos van a quitar la esperanza, porque la esperanza es un acto de resistencia política.

Este llamado no es solo para quienes sufren la violencia en sus cuerpos; es una convocatoria urgente, ética y humana para cada persona presente en esta plaza. La pasividad nos hace engranajes de la misma maquinaria que nos mata. Hoy les convocamos a asumir un rol activo, una militancia de la ternura y el cuidado cotidiano en sus comunidades, en sus ligas de fútbol, en sus trabajos, en sus familias.

Sostener la vida implica escuchar sin juzgar cuando una mujer se atreve a romper el silencio. Implica acompañar el proceso de la que decide apartarse de su agresor, preguntar con empatía, intervenir con coraje cuando presenciamos el maltrato, pedir ayuda colectiva y tender una mano firme para rescatar a quien siente que se hunde en la desesperación. No nos moveremos de las calles.

Seguiremos marchando. Sosteniendo en alto la memoria de cada una de nuestras Víctimas  y sobrevivientes. Nos organizamos en todas partes porque sabemos que un futuro digno es posible, y ese futuro, compañeras, será comunitario, será solidario, ¡será feminista!

¡Ni una menos! ¡Vivas, libres, dueñas de nuestro destino y territorio nos queremos!”

Por último, se vivió uno de los momentos más emotivos de la jornada, cuando la artista local Florencia Sánchez interpretó a viva voz dos canciones en memoria de las víctimas de femicidios, publicó El Día. (APFDigital)