Un estudio científico encendió las alarmas por la contaminación de cuatro arroyos entrerrianos

Una investigación internacional analizó la calidad del agua y los sedimentos en los arroyos Las Conchas, Espinillo, Crespo y Las Tunas. El trabajo, coliderado por el especialista Rafael Lajmanovich, detectó niveles récord de glifosato en el arroyo que atraviesa la reserva natural Enrique Berduc y una mortalidad del 100% de renacuajos expuestos a muestras de agua de otros dos cursos de agua.
miércoles 02 de septiembre de 2026 | 11:51hs.

Por Cristina Rodríguez para APFDigital

Un estudio ecotoxicológico internacional puso el foco sobre el estado ambiental de cuatro arroyos de Entre Ríos y advirtió sobre los efectos de la contaminación vinculada a la actividad agroindustrial y urbana. La investigación analizó la calidad del agua, los sedimentos y sus efectos biológicos en los arroyos Las Conchas, Espinillo, Crespo y Las Tunas, y obtuvo resultados que los investigadores consideran de especial gravedad.

El trabajo, titulado “Impacto ecotoxicológico de la agroindustria en arroyos de una cuenca sudamericana: renacuajos de anfibios como indicadores de la salud ambiental”, fue coliderado por el doctor Rafael Lajmanovich, biólogo y especialista en ecotoxicología del Laboratorio de Ecotoxicología de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y el CONICET, junto con un equipo de especialistas.

Uno de los puntos centrales de la investigación fue el arroyo Las Conchas, un curso de agua de alto valor de conservación que atraviesa la reserva natural protegida Parque Escolar Rural Enrique Berduc, un área de unas 600 hectáreas ubicada en La Picada, a unos 23 kilómetros de Paraná.

“Es un curso de agua de altísimo valor de conservación, un santuario biológico donde convergen las ecorregiones del Espinal y el Delta del Paraná, sirviendo de refugio a cientos de especies de aves, peces y anfibios”, explicó Lajmanovich.

Sin embargo, el estudio encontró allí una concentración de 5.002 microgramos por kilogramo de glifosato en los sedimentos. De acuerdo con los investigadores, se trata de la concentración más alta registrada hasta el momento en sedimentos de Sudamérica y una de las mayores reportadas a nivel mundial.

Glifosato en una reserva natural

Para Lajmanovich, uno de los aspectos más preocupantes del hallazgo es el lugar donde fue detectado.

“Lo verdaderamente alarmante es que esta concentración récord no se midió en el epicentro de un campo de soja transgénica, sino en el corazón de una reserva natural supuestamente protegida, ubicada a varios kilómetros de las áreas cultivadas”, señaló.

En ese sentido, sostuvo que el resultado demuestra que “las fronteras de papel de un área protegida no detienen el veneno de la agricultura industrial”.

El estudio también analizó los arroyos Crespo y Las Tunas, dos cursos de agua sometidos a fuertes presiones de origen industrial y productivo. El primero está afectado por los efluentes del Parque Industrial Crespo y por la intensa actividad avícola, mientras que el segundo se encuentra asociado al Parque Industrial Manuel Belgrano de Paraná.

Para evaluar los efectos de la contaminación, el equipo científico realizó bioensayos con renacuajos de sapo común, organismos utilizados habitualmente como indicadores de la salud ambiental debido a su piel permeable y a su sensibilidad frente a modificaciones en las condiciones del entorno.

Los resultados fueron contundentes: la exposición de los renacuajos a muestras puras de agua y sedimentos de los arroyos Crespo y Las Tunas provocó una mortalidad del 100% durante las primeras 24 horas.

Los investigadores también describieron condiciones ambientales severamente alteradas en ambos cursos de agua, con olores pútridos, coloraciones anómalas y bajos niveles de oxígeno disuelto, compatibles con situaciones críticas de hipoxia.

El impacto que no se ve

La investigación no se limitó a analizar la mortalidad. Los científicos también estudiaron los llamados efectos subletales en los renacuajos que sobrevivieron a muestras diluidas al 50%.

Según explicó Lajmanovich, esos ensayos permitieron observar alteraciones que no necesariamente producen una muerte inmediata, pero que pueden afectar el funcionamiento y desarrollo de los organismos.

Para el especialista, los resultados deben ser interpretados desde el concepto de “Una sola salud”, un enfoque que entiende que la salud humana, animal y ambiental están estrechamente vinculadas.

“Si el barro de los arroyos entrerrianos está contaminado con récords de glifosato y encontramos aguas con una toxicidad tan elevada, estamos ante un problema que excede a los propios ecosistemas acuáticos”, planteó.

El trabajo científico señala que los arroyos estudiados presentan niveles críticos de contaminación y que se encuentran “significativamente impactados por contaminantes agroindustriales”. Las elevadas tasas de mortalidad observadas en las larvas, agrega, evidencian una alta toxicidad asociada a una importante carga de pesticidas y a parámetros fisicoquímicos y bacteriológicos que no cumplen con los estándares de calidad ambiental.

Contaminación difusa y falta de controles

Uno de los aspectos destacados por la investigación es el fenómeno de la contaminación difusa, es decir, aquella que no necesariamente proviene de un único punto de descarga sino que puede llegar a los cursos de agua desde distintas fuentes y a través de procesos como la escorrentía.

Según los investigadores, este tipo de contaminación puede poner en riesgo zonas de alto valor para la biodiversidad y comprometer el papel de áreas protegidas como refugios ecológicos.

Ante este escenario, el estudio plantea la necesidad de avanzar con medidas de restauración y conservación, promover prácticas agrícolas sostenibles y reducir el uso de agroquímicos. También recomienda aumentar las distancias de aplicación terrestre o aérea respecto de fuentes de agua dulce, como arroyos y otros cursos superficiales.

A estas medidas, sostiene Lajmanovich, deberían sumarse iniciativas de restauración ecológica en las áreas afectadas, entre ellas la creación de zonas de amortiguamiento ribereñas capaces de retener y filtrar contaminantes.

“Existe una gran brecha en la comprensión actual de la contaminación fluvial y sus impactos en la vida silvestre, la salud humana y el ambiente”, advirtió el especialista, quien consideró que las estrategias de restauración aplicadas hasta el momento “carecen de un enfoque integral”.

El riesgo después de las lluvias

Otro de los factores señalados por el investigador son las grandes precipitaciones. Después de lluvias intensas, especialmente cuando se acumulan muchos milímetros en períodos breves, pueden producirse procesos de lavado de los campos que trasladan distintos contaminantes hacia los cursos de agua.

Estos episodios generan, según explicó, “pulsos puntuales e intensos de contaminación” que en determinados casos han sido relacionados con mortandades de peces.

Frente a este escenario, Lajmanovich planteó la necesidad de fortalecer el monitoreo y los controles sobre las actividades productivas y la calidad de los recursos hídricos.

“Nos urge establecer una gestión y monitoreo agrícola más estrictos para mitigar la contaminación en agua dulce, promover la aplicación de prácticas sustentables y fortalecer el control por parte de la ciencia y el Estado”, concluyó.

El estudio vuelve así a poner en discusión una cuestión que excede la conservación de los ecosistemas: qué calidad de agua se está dejando para las próximas generaciones y hasta qué punto las fuentes de agua dulce pueden seguir soportando las presiones de las actividades productivas y urbanas. (APF Digital)