Paro nacional de trabajadoras sexuales por cuatro femicidios en un mes

Con la consigna Ni Una Trabajadora Sexual Menos y tras cuatro femicidios de trabajadoras sexuales en Rosario, Córdoba y Retiro, AMMAR convoca a un paro nacional el martes 3 de noviembre. Cómo se para en un trabajo sin patronal y por qué los cuidados de siempre ya no alcanzan.

“Es poner la imaginación de cómo sería un paro de trabajadoras sexuales”, dice la secretaria general de AMMAR, Georgina Orellano, apenas sale de una asamblea virtual federal que se convocó en la urgencia y en la rabia luego de los cuatro asesinatos de trabajadoras sexuales sucedidos en el último mes: Débora Bordón y Bárbara Aragón en Rosario, Daniela Villalba en Córdoba y Tatiana Fernández en Retiro.

El martes 3 de noviembre las trabajadoras sexuales de todo el país van a parar: “La pregunta es pensar cómo sería un paro nuestro, sabiendo que es un trabajo que está criminalizado, no reconocido, no registrado, no tiene patronal y encima que estamos hablando permanentemente de la precariedad, de la pobreza estructural, de la desigualdad, de la violencia”, explica Orellano.

En Rosario, Débora Bordón, de 30 años, fue asesinada en un departamento de barrio Luis Agote. Fue AMMAR la que aclaró que Débora había ido a hacer un servicio a domicilio y que no tenía ningún vínculo con el acusado, Axel Mendoza, de 23 años.

El domingo 11 de octubre se enteraron de la muerte de Bárbara Camila Aragón, de 26 años, en una pensión de Empalme Graneros. Había viajado desde Villa Gobernador Gálvez para encontrarse con un cliente. Está detenido Eliel Schiffo, de 37 años, un policía exonerado y condenado por narcotráfico. La fiscal Marina Bertolotti lo imputó por abuso sexual y femicidio. Bárbara mantenía a sus hijos y a su madre.

El 19 de octubre mataron a Daniela del Milagro Villalba, de 29 años, en el departamento donde vivía y trabajaba, en barrio Cofico, Córdoba. Cinco días después, Tatiana Micaela Fernández, de 27 años, fue asesinada en un departamento de Libertad al 1200, en Retiro, que alquilaba con una compañera para trabajar. La autopsia determinó asfixia mecánica por compresión. Por los crímenes de Daniela y Tatiana está detenido Renato Iván Tabella, cordobés de 28 años, que se negó a declarar.

Cómo se para sin patronal

Cada grupo definió qué significa parar. En la Ruta 4, se resolvió un cese de actividades de 8 a 10: dos horas para parar la ruta y hacer una asamblea, concientizar entre ellas y poner sobre la mesa lo que viven ahí: inseguridad, robos y violencia institucional por parte de la policía.

Las que trabajan en páginas web van a pedirles a los sitios que el martes la foto de cada aviso sea la de un taco con la leyenda “Ni una menos, basta de femicidios y violencias a las trabajadoras sexuales”. Las trabajadoras y los trabajadores sexuales que se sumen usarán esa misma imagen como foto de perfil en WhatsApp, Telegram y redes, y piden a las aliadas que la usen durante 24 horas.

Frente al Congreso Nacional habrá una intervención: actrices, sindicalistas y referentes de la cultura leerán un documento. La idea, dice Orellano, es “que expliquen por qué algunas putas no pueden parar y no pueden dar la cara”, y que planteen la urgencia de tener garantías y de que el trabajo sea reconocido.

En Rosario el paro será digital. “Nosotros habíamos pensado parar dos horas en el horario de trabajo pero por esto que nos matan a las compañeras y la situación económica, las chicas no pueden rechazar una salida”, explica Myriam Aulleros, referente de AMMAR en la ciudad: “Es la necesidad de las compañeras que tienen que pagar su vivienda, tienen que criar a sus hijos”. El 3 de noviembre pondrán en sus perfiles un logo con un cintillo rojo: el trabajo sexual es trabajo, basta de violencia, ni una menos.

Las que estuvieron siempre

Myriam Auyeros tiene 63 años, vive en Rosario y se ocupa de que a las compañeras del sindicato de trabajadoras sexuales no les falte la mercadería. Hace base en el Centro Cultural La Toma, un ex supermercado que ocuparon sus trabajadores y donde se reúnen AMMAR y otras organizaciones sociales; si la buscan, la encuentran siempre en el bar. “Sandra Cabrera me vino a buscar a la esquina a mí y a otras compañeras porque íbamos a formar el sindicato de AMMAR, hace 30 años. Y así fue como conocí la organización”, recuerda. Eran épocas en las que estar en la calle implicaba riesgo con la policía y pensar en común estrategias de cuidado y organización era el salvataje. Sandra Cabrera, a quien Myriam reivindica como “la bandera nuestra”, fue asesinada de un tiro en la nuca en enero de 2004, cuando tenía 33 años y venía denunciando a policías de Santa Fe por coimas y abusos. Su crimen sigue impune.

“Fue algo fortísimo, porque yo estaba parada en una esquina y quería contar que para mí era un trabajo”, dice Myriam y suma: “Siempre lo supe y lo sabíamos con otras compañeras que esto es un trabajo; nos organizábamos solas, sin tener sindicato, en el cuidado de la violencia, de las enfermedades, del cuidado de la salud entre nosotras. En ese tiempo nos llevaban mucho presas, fue por eso que nos organizamos, por la violencia institucional que pasábamos sin cometer ningún delito”, dice. Y asegura que, a pesar de las transformaciones y la tecnología, la precariedad y el riesgo siguen a la orden del día para quienes eligen “llenar la olla” con el trabajo sexual.

Lorena Rocha tiene 43 años, ejerció el trabajo sexual durante más de 20 y es de Río Cuarto. También estuvo en la asamblea virtual y, junto a sus compañeras, prepara las acciones en Córdoba para el paro del 3 de noviembre: “Mientras el trabajo sexual siga penalizado van a seguir existiendo este tipo de violencias hacia nuestro colectivo de trabajadores y trabajadoras sexuales”, dice. Las trabajadoras sexuales de Río Cuarto se organizan hace 14 años: tienen un comedor comunitario que asiste a 40 compañeras en salud y alfabetización: “El colectivo de trabajadoras sexuales hace varios años que viene sufriendo violencia sistemáticamente de todo tipo: desde no reconocer el trabajo sexual como trabajo, que es una violencia, y después en la precariedad que nos tenemos que ver obligadas a ejercer nuestro trabajo siempre en la clandestinidad, sabiendo que hay una sociedad que sabe que existe el trabajo sexual. Y la violencia más grande que podemos sufrir es la negación al momento que suceden este tipo de aberraciones”.

“En las provincias también haremos un cese de actividades acompañando y haciendo fuerza para que esto se esclarezca y que dejemos de estar en la clandestinidad y que se reconozca el trabajo de las compañeras que venimos militando hace muchísimos años en colectivo”, anticipa Lorena.

“En Rosario —dice Myriam— logramos sacar a la policía de encima nuestro, que nos coimeaba para seguir trabajando —porque yo nunca arreglé con la policía, por eso iba presa—, pero tenemos otras provincias y incluso Capital donde todavía las compañeras tienen artículos, tienen ordenanzas, que todavía siguen detenidas, violentadas y les roban el dinero y todo eso”.

Pensar de nuevo el cuidado

El trabajo sexual en plataformas o mediado por las tecnologías exige nuevas formas de pensar la organización y, además de las discusiones que habilita, obliga a pensar qué exige en materia de cuidados: “Las estrategias de cuidado que tenemos ya no sirven, en algún momento sí sirvieron, pero este contexto nos está exigiendo poder repensar entre todas qué serían los cuidados para las trabajadoras sexuales”, dice Orellano y agrega: “Sobre todo teniendo en cuenta que los casos de femicidio son compañeras que no trabajaban en la calle, que trabajaban en su departamento, que trabajaban en páginas web, que estaban en grupos de WhatsApp”, concluye

Myriam repone: “Estamos sin derecho a nada. Es como hace 30 años atrás, que mataban a una compañera atrás del hotel Belgranito y la tiraban en una zanja, y nosotros nos poníamos a hacer denuncias y no podíamos ir a ningún lado porque nos decían: ´¿Para qué salió?´”.

“Entre muchas pensamos que sería un buen momento para tener una aplicación propia de cuidado. El tema es que los límites son que cualquier dispositivo que tengamos que difunda o divulgue trabajo sexual, aunque sea voluntario, es considerado facilitación de la prostitución”, explica Orellano y “por ende quienes diseñen esa aplicación serían criminalizadas. Por eso, uno de los reclamos del paro es “replantearnos los límites que tenemos frente a la Ley de Trata”.

La lucha de las trabajadoras sexuales es en todos los frentes: además de demandarle al Estado y de su inacabable enfrentamiento con la policía, asumen la discusión con las abolicionistas “que nos dicen que somos las víctimas, las mujeres en situación de prostitución, las de trata de personas”, dice Myriam. “Soy una mujer como cualquiera, somos mujeres que un día decidimos ejercer el trabajo porque nos conviene lo que nos genera, el dinero que nos entra en la casa para mantenernos, para tener una buena calidad de vida”. Ella se enorgullece de su historia: “Yo crié a cinco pibes para llenar la olla”. Hoy cuando va a reuniones feministas hay chicas que levantan la mano y le dicen: “Myriam, yo soy trabajadora sexual y estoy haciendo una carrera universitaria”. Le sorprende, dice, porque es “media antigua”.

Hay otra herida que Myriam quiere nombrar: las familias. La familia no la reconoce como trabajadora. Lo vio en el reclamo por una trabajadora sexual asesinada hace unos meses: “Cuando las compañeras querían abrir la bandera y estaban enojadísimas por su muerte: “la piba se mataba trabajando para que a la familia no le falte nada, para que los hijos sean los mejor educados pero nadie de su familia quería decir que ella era trabajadora sexual”.

Para Lorena, la pregunta de fondo es otra: “Creo que lo más importante y relevante de esto es saber que el trabajo sexual se sigue ejerciendo y que hoy ha tomado diferentes modalidades y que la modalidad que hoy interpela más es la virtual”, dice: “Podemos ver lo que le pasa a estas compañeras, que no fueron de callejera, sino que estaban dentro de una plataforma y hacernos esa gran pregunta: ¿de qué manera te cuidan las plataformas que están trabajando con contenido erótico, sexual, donde la mayoría de las compañeras hoy está dentro de las plataformas?”

La prostitución no reconocida como un trabajo, coloca a las trabajadoras sexuales en una situación de extrema vulnerabilidad y también para las trabajadoras de plataforma”, dice Lila, de AMMAR virtual: “ARCA te persigue y no reconoce que sos trabajadora, tenemos toda las obligaciones pero no los derechos”, publicó Página 12. (APFDigital)