La matemática: uno de los termómetros más exactos de la desigualdad educativa

Cuando se habla de crisis educativa en todo el continente americano, hay un dato que se repite en los diversos informes: la matemática es la asignatura donde el origen socioeconómico de un estudiante pesa más que en ninguna otra.
martes 04 de agosto de 2026 | 11:45hs.

En Argentina, la Escuela de Educación de la Universidad Austral, bajo la autoría de las investigadoras Eugenia Orlicki y Cecilia Adrogué, publicó en julio de 2025 el segundo informe de una serie regional que cruza los resultados de PISA 2022 con un indicador propio de desigualdad educativa que las mismas autoras desarrollaron en 2024.

Mientras el 69,8% de los estudiantes menos vulnerables alcanza los aprendizajes mínimos en Lengua, apenas el 25,7% de los más vulnerables lo logra. A la hora de evaluar el rendimiento en Matemática el indicador de desigualdad escala a 4,6 frente a 2,7 en Lengua, lo que significa que casi cinco estudiantes de sectores altos alcanzan el nivel mínimo por cada uno de sectores bajos.

El propio estudio agrega un dato aún más crudo y es que entre las adolescentes de sectores vulnerables, la brecha en Matemática trepa a 7,1 a 1, la más alta entre los siete países latinoamericanos analizados (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Uruguay).

A nivel regional, el panorama no es más alentador. El informe Situación de la pobreza de aprendizaje a nivel mundial: actualización 2022, elaborado en conjunto por el Banco Mundial, la UNESCO, UNICEF, FCDO, USAID y la Fundación Bill y Melinda Gates, ubicó a América Latina y el Caribe como la segunda peor región del mundo en este indicador; solo detrás de África subsahariana.

El documento advirtió además que la región mostraba el aumento más pronunciado del índice desde 2019, con el impacto de la pandemia, y que recuperar lo perdido en matemática entre los adolescentes era la tarea más urgente para revertir la crisis.

En Chile, un estudio del Ministerio de Educación en conjunto con el Banco Mundial (agosto de 2020) estimó que, tras diez meses sin clases presenciales, los estudiantes del quintil de menores ingresos podían llegar a perder hasta el 95% de los aprendizajes esperados para un año regular, frente a un 64% entre los alumnos del quintil más alto, Por su parte, un informe de Naciones Unidas señaló que las desigualdades educativas limitan la movilidad social en la región, lo que convierte a la brecha de aprendizajes en un mecanismo que perpetúa la pobreza entre generaciones.

Lo que confirman los datos de 2026

Los resultados más recientes no desmienten el diagnóstico sino que lo profundizan. El análisis de las pruebas Aprender 2025 realizado por la organización Argentinos por la Educación sobre datos difundidos por la Secretaría de Educación de la Nación y publicado en julio de 2026, mostró una mejora generalizada respecto de 2023 pero la brecha por nivel socioeconómico en Matemática se mantuvo en 30 puntos porcentuales.

Es decir que en Argentina, el 73% de los alumnos de mayor nivel socioeconómico se ubicó en los dos mejores niveles de desempeño, contra el 53% de nivel medio y apenas el 43% del nivel más bajo. En Chile, los resultados del SIMCE 2025, entregados en marzo de 2026 por la Agencia de Calidad de la Educación, confirmaron un panorama similar. Si bien hubo una recuperación generalizada de los aprendizajes pospandemia, la brecha en Matemática entre estudiantes de nivel socioeconómico alto y bajo se mantuvo en 71 puntos en 8° básico y llegó a 96 puntos en II medio, según el análisis de la fundación Acción Educar sobre esos datos siendo la distancia socioeconómica más ancha entre todas las asignaturas evaluadas.

A nivel global, la UNESCO publicó en 2026 la primera entrega de su nuevo Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo (GEM Report), dedicada específicamente a equidad y acceso bajo el título Cuenta regresiva para 2030, que confirma que la desigualdad en el aprendizaje sigue siendo, tres años antes del plazo de la Agenda 2030, uno de los principales obstáculos no resueltos de los sistemas educativos del planeta.

Estados Unidos: no es ajeno a esta tendencia

En Estados Unidos, los resultados 2024 del NAEP (National Assessment of Educational Progress) que es conocido como “el boletín de calificaciones de la nación” confirmaron que la desigualdad no solo persiste, sino que crece. En una escala de 500 puntos, los estudiantes de peor desempeño obtienen en promedio unos 100 puntos menos que los de mejor desempeño, una brecha que se amplía de forma sostenida desde hace más de una década, según el propio reporte oficial.

Un análisis del Center for Education Policy Research (CEPR) de Harvard, en colaboración con el Educational Opportunity Project de Stanford y con investigadores de Dartmouth, cruzó datos de 35 millones de estudiantes de 3° a 8° grado entre 2019 y 2024. Su tercer reporte, el Education Recovery Scorecard, publicado en febrero de 2025, encontró que los distritos escolares del decil de mayores ingresos tuvieron casi cuatro veces más probabilidades de recuperar los niveles prepandemia en matemática y lectura que los distritos del decil más pobre, aunque los fondos federales de emergencia evitaron pérdidas aún mayores en los distritos de alta pobreza.

Sin embargo, una actualización del mismo equipo, difundida en mayo de 2026 bajo el nombre Education Scorecard, matiza ese panorama ya que la recuperación reciente muestra una forma de “U”; con mejoras más marcadas tanto en los distritos de mayores como de menores ingresos, mientras los de ingresos medios quedan rezagados.

Por qué la matemática es más vulnerable

Los especialistas coinciden en que la matemática se ve más golpeada que otras materias por varios motivos que se entrelazan. Es una disciplina fuertemente acumulativa en el aprendizaje ya que cada contenido depende del anterior. Una interrupción temprana en la formación matemática puede tener un efecto de cascada más difícil de revertir.

La literatura académica identifica a las tutorías personalizadas como una de las intervenciones más efectivas y mejor documentadas para revertir el rezago en esta área. El metaanálisis de referencia en el campo publicado por los investigadores Nickow, Oreopoulos y Quan y titulado “Los efectos impresionantes de la tutoría en el aprendizaje desde preescolar hasta el 12.° grado” (2020) encontró un efecto agregado de 0,37 desviaciones estándar sobre el aprendizaje.

Una versión revisada y sometida a revisión por pares, publicada en 2024 en la revista Review of Educational Research, ajustó esa estimación a 0,288 desviaciones estándar, un tamaño de efecto que los propios autores siguen calificando de sustancial.

El cómo se enseña también importa

La evidencia también documenta que el formato importa. Según una revisión del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) sobre tutorías remotas en la región, la modalidad uno a uno es la más efectiva, aunque también la más costosa; los modelos con dos estudiantes por tutor, como el implementado por el programa Saga Education en Estados Unidos, logran resultados comparables a un costo sensiblemente menor.

Durante la pandemia, un estudio de Hassan y colegas (2021) evaluó un programa de acompañamiento telefónico en Bangladesh en el que se realizaron llamadas semanales de 30 minutos con un tutor voluntario universitario y se halló una mejora de 0,56 desviaciones estándar en matemática y 0,66 en lectura, uno de los efectos más grandes registrados entre las intervenciones de bajo costo evaluadas durante los cierres de escuelas en distintos países.

En España, el programa Menttores, diseñado por el Centro de Políticas Económicas de Esade (EsadeEcPol) junto con la organización Empieza por Educar, y evaluado mediante un ensayo aleatorizado controlado durante abril y mayo de 2021, mostró que los estudiantes de secundaria en barrios vulnerables que recibieron tutorías de refuerzo totalmente online aprobaron matemática un 30% más que el grupo de control, mejoraron sus notas finales en un 17% (equivalente a recuperar seis meses de aprendizaje) y redujeron en un 75% la probabilidad de repetir de curso, publicó InfoBae.

Los datos de Argentina, Chile y Estados Unidos, aunque surgen de sistemas educativos muy distintos, coinciden en que la matemática funciona como un espejo especialmente nítido de la desigualdad social. Pero también es, según muestra la evidencia sobre tutorías, una de las áreas donde una intervención bien diseñada y sostenida en el tiempo puede producir resultados medibles en relativamente poco tiempo. (APFDigital)