Airaldi declaró, negó ser un capo narco y suplicó salir del régimen de Alto Perfil
En una jornada cargada de tensión y definiciones, Leonardo Airaldi rompió el silencio por segunda vez en el juicio que lo tiene como principal imputado junto a otras ocho personas.
Tras las declaraciones de María Soledad Touzet y Juan Erbes, el productor agropecuario de Diamante desplegó una defensa centrada en su rol como productor, su relación de “colaboración” con la policía y su cruda realidad como consumidor de estupefacientes, al tiempo que lanzó un desesperado pedido humanitario por su situación de encierro.
Airaldi, señalado como el líder de una organización ilícita en Santa Fe y Entre Ríos, comenzó su alocución cuestionando los pilares de la investigación. “El jefe de la investigación (Ángel Ricle) dejó bien en claro que, hasta el momento y con toda la información que había recibido, no sabía qué tipo de estupefacientes comercializaba la supuesta organización. Cuando le preguntaron por pruebas de pistas de aterrizaje, dijo que no había. ¿De dónde se compraba? Dijo que no. ¿Dónde se vendía? Dijo que no”. Con estas palabras, el imputado buscó desmoronar la figura de la asociación ilícita.
De frente a los jueces federales, Noemí Berros, José Escobar Cello y Emilce Rojas, el exdirector de la Sociedad Rural Argentina de Diamante habló, lloró y hasta le permitieron abrazar a su madre. Dijo que está enfermo, que en el penal de Ezeiza donde está detenido por ser considerado un preso de Alto Perfil no está bien, publicó Ahora.
Uno de los puntos más sensibles de su declaración fue el reconocimiento de su adicción, utilizándola para explicar las conversaciones interceptadas que la fiscalía interpreta como transacciones de droga. “La mayoría de los que estamos acusados éramos consumidores. Es muy normal que entre nosotros se diga ‘haceme la ondita’; eso no es vender, es comprar o pedir si tenés algún conocido que pueda conseguir por 6.000 o 10.000 pesos”.
Airaldi fue enfático al desvincular a su pareja (Gimena Burne) y a sí mismo de la venta: “Ella nunca vendió estupefacientes, ni yo tampoco. Comprábamos para consumo, nunca para la venta. Es como un alcohólico que se queda sin su botella y le pide al vecino que le fíe una. Es normal que nos prestemos cocaína cuando estamos consumiendo juntos”.
Sobre sus constantes viajes y estadías prolongadas en hoteles de lujo, Airaldi los atribuyó exclusivamente a su estilo de vida: “Íbamos de fiesta, de joda. Nos quedábamos veinte días en Santa Fe o un mes en Buenos Aires, pero nunca para hacer un negocio ilícito. Nunca fuimos a un búnker o a una financiera a buscar plata para el narcotráfico”. Según su testimonio, sus únicos movimientos financieros legales fueron a través de las firmas para la compra de dólares o acciones.
El imputado también se refirió a la supuesta pista de aterrizaje en su estancia, describiéndola como un simple camino interno necesario para la ganadería. “No es una pista, es un camino interno que existe desde la época de mi abuelo. En el monte, si no limpiás y sacás las raíces, se vuelve a hacer selva. Ese camino tiene 7.000 metros y se usa para la carga y descarga de animales que vienen de la isla”. Airaldi desafió a los jueces a inspeccionar el terreno: “Es imposible que baje una avioneta ahí, se rompería una rueda. La huella más chica tiene 40 o 50 centímetros. No existe tal pista”.
Relacionó el uso de aeronaves con los incendios que azotaron las islas entre 2018 y 2021. “Sufrimos incendios provocados; vimos avionetas tirar bombas molotov para prender fuego. En 2021, cuando el fuego arrasó el 100% de nuestra isla, colaboramos con el Estado. Las avionetas de la Nación cargaban agua y combustible en pistas cercanas que nosotros gestionamos, como la de la estancia Los Ombúes”.
Airaldi no ocultó su estrecho vínculo con las fuerzas de seguridad, pero le dio una interpretación de apoyo logístico ante la falta de recursos estatales. “Es muy normal en el campo donar combustible a la policía rural. Si no, no tienen cómo moverse. Nosotros les arreglábamos los vehículos, les dábamos la comida para los operativos y hasta teníamos las llaves de las lanchas policiales para llevarlas a hacer el service”.
Negó rotundamente cualquier acto de corrupción: “En ningún momento hubo un arreglo, una coima o nada ilícito. Acá pasaron varios policías y ninguno pudo decir que yo los coimié”. Explicó que sus frases sobre “ser dueño de la caminera” eran modismos para referirse a que conocía a los agentes y estos, por cortesía, lo dejaban pasar ante faltas menores como un matafuego vencido.
Venganzas personales y el ruego final
El acusado dedicó gran parte de su tiempo a desacreditar a los denunciantes que presentó la policía, calificándolos como personas con resentimiento por despidos o denuncias previas por robo de ganado. Nombró a individuos como Migueles, Leiva y Albornoz, asegurando que “fueron echados por ladrones” o que mantienen conflictos territoriales históricos con su familia.
Finalmente, Airaldi, quien es considerado un preso de alto perfil, cerró su declaración con un pedido desesperado. Tras relatar las complicaciones de salud de sus hijos mellizos nacidos prematuramente en 2021, suplicó al tribunal que se revisen sus condiciones de detención. Solicitó que se le permitan visitas regulares y ser retirado del sistema de Alto Perfil, alegando un desgaste humano que afecta su derecho a la defensa y su vínculo familiar.
Es más, el productor que este martes cumplió 45 años pidió estar cerca de su madre, quien tiene más de 80 años y sigue atentamente el debate. Tras su declaración se abrazaron y la jueza Berros le permitió a la mujer sentarse al lado de su hijo.
El juicio continuará la semana próxima con más testimonios, mientras la figura de Airaldi sigue oscilando entre la del productor colaborador que describe la defensa y la del líder logístico del narcotráfico que sostiene la acusación.
Este proceso judicial cuenta con la intervención de los fiscales José Ignacio Candioti, Juan Sebastián Podhainy, Diego Iglesias (PROCUNAR) y Martín Uriona. Además de Airaldi, están acusadsos Roberto Coronel, Joel Schonfeld y Sebastián Armocida, Juan Andrés Erbes, Marino Martínez, Walter Gonzalo Olivero, Soledad Touzet y Cristian Emanuel Sánchez.
Los abogados defensores, son: Mariana Barbitta y Lucas Melo (Airaldi), Claudio Berón (Coronel), Leopoldo Meresman y José Monge (Erbes y Martínez), Nelsón Schlotahuer (Touzet); y las defensores públicas subrogantes Noelia Quiroga y Gisela Cancilleri (por Armocida, Schonfeld, Olivero y Sánchez).
Otros cuatro procesados —Manuel Enrique Cuello, José Nicolás Godoy, Armando Marcelo Balcaza y Carlos David Schumacher— negocian juicios abreviados y no forman parte de este debate. (APFDigital)